martes, 7 de abril de 2009

Eutimio Estrella



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El único lugar donde me publicaban, qué vergüenza, era en una revista de cotilleo llamada Magazín Universitaria. En la portada siempre aparecía una chica de la alta sociedad campechana (supuestamente estudiante de alguna licenciatura, aunque no siempre se daba el caso de que la chica estudiara, menos que fuera una estudiante modelo) en alguna posición sugestiva, lo que agradecíamos todos los lectores, y, por consiguiente, era la única revista que había logrado mantenerse en el mercado editorial campechano por más de cinco años ininterrumpidos.

More...Su contenido no era difícil de adivinar: veintitantas páginas atiborradas de publicidad intercaladas con fotografías en donde la hi-life de Campeche aparecía en babyshowers, bodas, fiestas privadas y fiestas de sábados en la noche en la disco Chupis. También contaba con una sección de una página entera con la fotografía del gobernador llamada Pregúntale al Gober, donde básicamente, como su nombre lo indica, los lectores tenían la posibilidad de mandarle e-mails a su ilustre mandatario para que éste respondiera las dudas e inquietudes de la juventud. Naturalmente nunca aparecían las preguntas de los lectores, ya sea porque los lectores no tenían dudas y/o inquietudes o porque los lectores eran los hijos de funcionarios públicos y estaban fascinados con el estilo de vida que tenían gracias a ese señor magnánimo que aparecía sonriendo mes con mes, o simplemente porque a nadie le interesaba preguntarle nada al gobernador de la sonrisa resplandeciente, o (y ésta es la más probable) porque el gobernador ni enterado estaba de aquella cuenta de correo electrónico donde los jóvenes le enviaban sus dudas y/o inquietudes.

Me avergonzara o no, aquel pasquín frívolo era el único medio que se animaba a publicarme. Y esto porque el jefe editorial, o sea, el dueño (que también era articulista, corrector de estilo, fotógrafo, diseñador y cronista de eventos sociales), jugó fútbol conmigo en la preparatoria.

-Macho, ¿qué es de tu vida? –me preguntó Milton Efraín dándome un abrazo desbordado en afecto cuando nos reencontramos luego de varios años sin vernos en la fiesta que conmemoraba la graduación universitaria del Tec de Monterrey del hijo del secretario de turismo.

En paridad de circunstancias, es decir, ebrio hasta el tuétano, también abracé a Milton Efraín con afecto desbordado y le resumí mi vida: era escritor y vivía en Campeche.

-Macho, que coincidencia –dijo Milton Efraín-. Yo igual me vine a vivir a Campeche y tengo una revista.

En el acto me propuso publicarme en su revista sin haberme leído jamás. Me dio su e-mail. Le prometí que a primera hora de la mañana le enviaba un escrito mío (promesa que desde luego incumplí porque no fue sino hasta dos días después que le envié el escrito, ya que la cruda de la fiesta de graduación me tuvo en cama día y medio).

Así fue como incursioné en el mundo de los escritores publicados.


2


Eutimio Estrella era el escritor menor de 30 años más famoso de Campeche, y por cosas que yo ignoraba también era publicado mes con mes en Magazín Universitaria. Nunca me perdía su columna. Era un escritor fabuloso. Naturalmente leerlo provocaba en mí, no celos, sino algo peor: tristeza. Al parecer ser un escritor fantástico no era sinónimo de éxito literario.

Él había publicado un libro, el cual era una recopilación de sus más divertidos escritos que aparecieron en Magazín Universitaria, en periódicos locales, e incluso en revistas de circulación nacional, sin embargo, casi nadie lo había leído (me incluyo en este grupo). Una vez vi su libro en una librería y preferí guardar mis cincuenta pesos para comprar unas cervezas en la noche.

Por increíble que pudiera parecer (llevaba más de un año viviendo en Campeche) no lo conocía físicamente salvo por la fotografía de su cara que aparecía mes con mes a un costado de su columna en Magazín Universitaria. Y no lo conocería en Campeche, sino en Mérida, cuando finalmente me digné a visitar a mamá un fin de semana.

El teléfono sonó:

-Rodrigo, te llama un tal Eutimio Estrella –dijo mamá.

Sudé frío. Por un instante pensé en hacerle una seña a mamá para que dijera que no estaba en casa, pero ya era demasiado tarde, mamá, fiel a una desagradable costumbre familiar, había gritado con el auricular casi pegado en la boca, llamándome por mi nombre.

¿Cómo supo el teléfono de casa de mamá? ¿Cómo se enteró de que yo me encontraba en Mérida? ¿Por qué me llamaba? ¿Qué quería de mí?

Todas estas interrogantes galoparon en mi mente en fracciones de segundo.

-Bueno –dije fingiendo seguridad en mi mismo.

-¿Rodrigo? –preguntó él.

-¿Eutimio? –pregunté yo.

Eutimio Estrella estaba en Mérida. Hablaba para invitarme a la presentación de su libro en el Teatro Olimpo.

-Allí estaré, gracias por la invitación –mentí y luego colgué el teléfono.

Mamá me preguntó quién era ese tal Eutimio Estrella.

-Un amigo –respondí sin estar del todo seguro si Eutimio Estrella era mi amigo.

-Ah, ¿y qué quería? –preguntó mamá.

-Invitarme a la presentación de su libro –dije y de inmediato supe que debí decirle a mamá que Eutimio Estrella era ingeniero o arquitecto o licenciado o astronauta o fontanero o agrónomo o maestro de Tai Chi o lo que sea, menos escritor.

-Bebé, ¿y tú cuándo vas a publicar tu libro? –preguntó mamá con ojos suplicantes.


3


Nunca antes había asistido a la presentación de un libro y ahora sabía el motivo. El Teatro Olimpo estaba lleno de butacas vacías. Un escenario desolador. No había un alma salvo una viejita sentada en la primera fila y un par de jóvenes disfrazados de intelectuales (seguramente estudiantes de letras) desparramados en sus asientos en una esquina del teatro.

Sobre el escenario alfombrado un señor gordo de gafas presentó a Eutimio Estrella como uno de los máximos exponentes de la literatura joven de México. Eutimio Estrella, la joven promesa de la literatura mexicana, sentado a un costado del señor gordo de gafas, resultó ser también un gordo de gafas. Mucho más cachetón que en su fotografía de Magazín Universitaria.

Pensé en escapar del teatro. Y de buena gana lo hubiera hecho de no ser porque horas atrás, en una fiesta de estudiantes de la universidad del Mayab, había conocido a Karol, una chica alemana que se entusiasmó cuando le dije que era escritor y con mucho gusto la invitaba a la presentación del libro de uno de mis mejores y más entrañables amigos escritores. Oferta al parecer (tal como imaginé cuando la invité), mucho más atractiva para un europeo que la de ir a una discoteca, como le habían sugerido decenas de borrachos hijos de papi.

Karol apareció en el teatro (justo cuando pensaba emprender la graciosa huida) con sus casi dos metros de estatura y su cabellera rubia revuelta. Era un vikingo con cintura de mujer. Vestía igual que en la fiesta: falda larga celeste y una blusa blanca de manta. Al sentarse a mi lado le dije que aquel era mi amigo escritor, señalando a Eutimio Estrella que leía en voz alta un ensayo de su libro. Karol asintió, parecía fascinada de encontrarse en la presentación de un libro. Yo por mi parte pensaba sólo en impresionarla y hacerle creer que me movía en los mejores círculos intelectuales.

-Eutimio Estrella es uno de los mejores escritores de México –le dije.

-¿Y porrr qué no vino nadie? –me susurró Karol al oído.

-Por que en México nadie lee –respondí segurísimo de mi mismo.

-Qué feo –susurró ella. Luego me miró con sus ojos azules como un par canicas y dijo algo que ya había escuchado en otros labios de mujer (casualmente también extranjera):- Errres muy valiente.

Un escalofrió en la columna me resbaló de arriba a abajo y sospeché que era todo menos un hombre valiente.


4


Eutimio Estrella y yo empezamos a vernos con cierta frecuencia. Siempre en el café Las Puertas y por las mañanas, porque él trabajaba en un periódico en las tardes. Nunca hablábamos de libros, quizás por eso me agradaban las reuniones. Un día, para mi sorpresa Eutimio Estrella dijo que mis escritos le parecían muy chistosos. Que le causaban mucha risa.

-Todos creen que la literatura debe ser solemne, pero no es así –dijo.

Me sentí halagado. Luego dijo que tenía una revista que editaba junto con unos amigos literatos.

-A lo mejor has escuchado de ella.

En mi mente, sabía que no, a menos que me dijera que su revista era el Men´s Health, Vanidades, Hola! o TV y Novelas, pero como era obvio que no mencionaría el nombre de ni una de las revistas que yo leía religiosamente, puse mi mejor cara de tal vez, puede ser, pero eso sí, sin animarme a decir una sola palabra.

-Se llama Los Postmodernistas –dijo.

Ni idea, pensé. En mi puta vida había escuchado el nombre de esa revista. Y si por azares del destino cayó en mis manos, seguramente la arrojé de inmediato al bote de basura por tener un nombre tan pretencioso.

Eutimio Estrella con sus ojos de Dalai Lama que lo sabe todo me miró tras sus gafas de montura ancha y adivinó mis pensamientos o quizás mi rostro era tan transparente que dejé al descubierto mi ignorancia y me dijo que en realidad sólo habían sacado un par de números, y entre número y número hubo un lapso de seis o siete meses.

-¿Te gustaría colaborar para el tercer número? –me preguntó.

Respondí que sí. Encantado. Entonces me dijo que todos los jueves en la noche, que era su día de descanso en el periódico, se reunía con unos amigos escritores para planear el número de la revista, entre otras cosas, y que estaba cordialmente invitado para asistir a las reuniones, pues más de uno de sus amigos me había leído en Magazín Universitaria y tenían curiosidad de conocerme en persona. Esta última confesión me aterró. Desde luego, jamás asistí a ni una sola reunión de los postmodernistas. Sólo imaginarme rodeado de escritores me ponía los pelos de punta. Con seguridad sus despreciables y eruditos amigos me ignorarían olímpicamente o quizás me interrogarían acerca de qué libros leía, o, en el peor de los escenarios, se la pasarían la noche entera hablando de libros que en mi vida había escuchado y menos leído.

Cuando nos reuníamos por la mañana en el café, siempre le inventaba a Eutimio Estrella una excusa nueva por haber faltado a la reunión de su revista, misma que aceptaba de buena gana y no dudaba (siempre con una sonrisa franca) en decirme que no había apuro, que el próximo jueves en la noche me esperaba. Y no fue hasta que coincidimos una noche en la disco Calle 8, en el quinto aniversario de Magazín Universitaria cuando le confesé (ambos estábamos pedísimos) que probablemente nunca asistiría a las reuniones de los postmodernistas porque no estaba seguro qué carajos significaba ser un postmodernista, que odiaba a la mayoría de los escritores por ser pretenciosos y que no leía a ni un escritor campechano salvo a él, al bueno de Eutimio Estrella, cuyo libro me pareció una joya, ese fue mi calificativo, “una joya” (muy a pesar, como ya había mencionado, de no haberlo leído nunca), y le pregunté sin miramientos, es decir, como siempre formulan sus preguntas los borrachos, si no se deprimía hondamente que casi nadie se animara a comprar su libro.

A la mañana siguiente me sentí un imbécil y supuse que Eutimio Estrella no querría verme jamás.


5


Una vez más, estaba errado en mis conjeturas alcohólicas. “Llamada de Eutimio Estrella”, resplandeció en la pantalla de mi celular. Pensé lo peor: me llamaba par insultarme. Temeroso, pulsé el botón y contesté.

-¿Quieres ir a un encuentro de escritores? –me preguntó.

Silencio. Quedé estupefacto.

-Claro –dije sin estar seguro, o quizás sí, seguro de que no iría ni loco a un encuentro de escritores.

-Es en Villahermosa –dijo.

Perfecto, pensé. Ahora podría inventar con todo desparpajo que tenía un compromiso impostergable justo el día del encuentro de escritores que me imposibilitaba a viajar fuera de la ciudad.

-Uy, la verdad es que no tengo un clavo –opté por una verdad a medias-. No creo poder pagar mi boleto y todos mis gastos.

-No te preocupes, todo está cubierto -dijo-. El gobierno paga.

Me intrigó saber por qué el gobierno querría mandarme a un encuentro de escritores con todos los gastos pagados. A continuación Eutimio Estrella me explicó que en realidad lo habían invitado a él, pero que en el periódico no le dieron permiso para tomarse los 3 días que duraba el encuentro de escritores en Villahermosa.

-Te llamo al rato para confirmar –dije acorralado-. Me parece que tengo una boda ese día.

Sin ánimo de presionarme, Eutimio Estrella dijo que tenía que confirmarle en una hora como máximo, de lo contrario se cancelaba el viaje.

Fue una hora íntegra de agonía. Me miré la mayor parte del tiempo en el espejo, pues tengo la manía de mirarme en el espejo cuando tengo miedo o cuando estoy metido en un aprieto o cuando debo tomar una decisión insignificante o trascendental, como si esperara que el sujeto que me observa a los ojos pudiera sacar el arrojo que yo no poseo y me diera una respuesta que me rescate de una situación en la que odio estar metido.

Pese a pronóstico, acepté la oferta: mitad porque Pedro, mi corrector de estilo (y promotor literario en potencia) me dijo que el viaje levantaría mis bonos como escritor; mitad porque me sentí halagado de que la joven promesa de la literatura nacional me hubiera elegido a mí (aunque no fuera campechano) por sobre todos los escritores campechanos para representarlos en el encuentro.

De inmediato me dirigí al Instituto de Cultura tal como me dijo Eutimio Estrella.

-Bendito seas –dijo la secretaria del director de Cultura como si fuese yo un cura que llegaba a darle la extrema unción a un enfermo justo antes de morir-. No has salvado, quién se hubiera imaginado que todos los escritores campechanos tienen trabajo hoy día.

30 comentarios:

Rodrigo Solís dijo...

Un fragmento más de la novela Valentina. Lo subo en honor a uno de mis mejores amigos que en breve abandonará Campeche por una larga temporada.

Eduardo Huchin dijo...

...y que este sábado cumple 30 años (a la edad en que no se es joven ni promesa ni nada).

Un abrazo, máster, y gracias por tus adjetivos inmerecidos (sobre todo los referentes a mi peso, pero, coño, son las licencias de la ficción: dejarnos mejor parados de lo que somos en la realidad).

Rodrigo Solís dijo...

Eduardo: sabía que solo un hombre sabio como tú iba a soportar valiente ese tipo de adjetivos totalmente falsos al personaje basado en tu talentosa persona.

luis daniel pulido dijo...

Estimado Rodrigo, este texto me gustó mucho. Más allá de lo literario, lo viví como una película de los hemanos Cohen; por lo que aparte de estar bien escrito, la dirección y la fotografía narrativa se me hizo de poca madre.

Un abrazo

Posdata: Y lo mejor para el buen Eduardo Huchín

Rodrigo Solís dijo...

Daniel: gracias hermano. Ojalá algún día Eduardo y yo ganemos un Oscar, eso sí, a mejor acutación de extras. Un fuerte abrazo.

lolbe dijo...

Gwo0w! Me encantó! No digo más, que corro peligro de recibir un disparo anónimo. Felicidades.

Karol dijo...

Hola Rodrigo

No cabe duda que salir de tu pagina sin una amplia sonrisa es imposible, felicidades y gracias por ello.

De paso felicidades a Eduardo por su cumpleaños.

Saludos

Bárbara dijo...

Me gusta!, me gusta!, Rodro porfa mándame el borrador, dale, ¿si?, prometo no comentar nada en el blog así no les arruino a los demás la tormentosa espera...

¿Ya se va Eduardo a Puebla?, ojalá le vaya lindo... igual eso de que a los 30, ya no se es joven, ni promesa ni nada... me pegó mal, yo cumplo 30 este año, chan!

Rodrigo Solís dijo...

Lolbe: me alegra que te haya gustado. Un beso grande.

Karol: gracias, esa es la idea. Ojalá todos salieran igual de sonrientes.

Bárbara: a mi igual me pegó su comentario, yo igual cumplo 30 en unos meses, no este año, pero sí en enero del 2010. Vale, prometo darte el borrador pero hasta que lo tenga listo, porque como notarás es un rompecabezas.

Eduardo Huchin dijo...

Pero, Barbara, las mujeres crecen con dignidad (a menos que te llames Gwen Steffani); los hombres ya somos patéticos desde los 29.

Y gracias a todos por sus buenos deseos, ya sabré a quienes acudir cuando necesite hacer una colecta.

Eduardo Huchin dijo...

Máster, aclaro que mi última respuesta fue casi simultánea a la tuya.

Laura Trujillo dijo...

Que genial Rodro!! Y un gusto enorme poder conocer a Eutimio Estrella y más aún que el y tu sean mis amigos.
En fin, eso de los 30... no sabría que decirles. Pero creo que si la esperanza de vida es de unos 70 años, aun no han recorrido la mitad.
¡Saludos! Espero poder leer pronto tu novela.

Rodrigo Solís dijo...

Laurita: Yo para nada me entusiasmo en que mi esperanza de vida sean los 70 años. Sospecho que será muchísimo menos. Diría que estoy viviendo mis últimos años.

Yamile dijo...

Ciao Rodrigo, tiempo sin escribirte pero este escrito tuyo me llamó la atención.
Entonces, ¿esto es completamente fantasia? ¿eres o no eres escritor? ¿como un escritor solo lee revistas como vanidades, etc...? me gustaria saber en verdad que piensas. Como bien sabes yo no soy escritora ni me acerco pero tengo otra idea de lo que es ser escritor y pensaba que este deberia de tener una pasión por las letras y por comunicar la vida. ¿tu que dices?

Rodrigo Solís dijo...

Yamile: el escrito es un capítulo de una novela que estoy terminando llamada Valentina. Cualquier semejanza del personaje principal con mi persona es mera coincidencia, sobretodo en eso de leer el Vanidades.

Luigi dijo...

Te sigo considerando un genio de la narrativa, en especial cuando hablas de cosas que, aunque no lo creas, tambièn me han sucedido- Gracias por compartir esas geniales vivencias. un abrazo

Rodrigo Solís dijo...

Luigi: caramba, nunca antes alguien me había llamado genio de la narrativa. Lo agradezco, aunque dudo que sea verdad, así que podrán estar tranquilos todos los jueces que siempre me niegan las becas (en especial los campechanos). Un fuerte abrazo, amigo.

Glo dijo...

Rodrigou!

jajaja muy padre tu escrito...JAJAJA oseaaaaa....es que de verdad, quiero decirte que tengo en la otra ventanita del msn a mi coordinador de bodas presionandome y no lo pelé por estar picada con tu escrito...
Saludos

Glo

PD si chito, ya llegó mi día D...sabado de gloria...

Rodrigo Solís dijo...

Glo: deja de leer mis paparruchadas y presta atención al coordinador de boda. Un beso inmenso y muchas felicidades por el casorio.

Shirubana dijo...

Hola. Segunda vez por aquí y ya con ganas de comentar porque el texto me gustó mucho y el argumento me pareció muy original.

Saludos.

Rodrigo Solís dijo...

Shirubana: gracias por visitarnos, un beso grande.

Mario dijo...

Jeje, eres un amargado feliz! Cuando sale tu novela Valentina? Mandame un ejemplar autografiado x favor

Rodrigo Solís dijo...

Mario: gracias por el cumplido. Aún no tiene fecha de salida (y menos de que alguien se anime a publicarla), pero yo te la envío cuando salga.

Juan Manuel H dijo...

Interesante fragmento. No soy muy bueno checando a los escritores locales, pero me parece interesante que tengan incluso grupos de intercambio y reunión como acontece en Villahermosa, Tabasco, en el café denominado "El jaguar despertado", o algo así. Saludos.

Rodrigo Solís dijo...

Juan Manuel H: oh, sí, solo que nosotros nos reunimos en el café “el campechano desesperado”.

Pili dijo...

ja, ja, ja al parecer el que escribe no puede huir de su destino.... me encantó Rodrigo.
besos!
Pili

Rodrigo Solís dijo...

Pili: así parece, aunque la vida de un escritor es impredecible, por lo general terminan lavando platos. Un beso grande.

Media 3d2 (DF) dijo...

Publicado en:

http://media.3d2.com.mx/files/1239229918828280286.pdf

La liga de la justicia (Chiapas) dijo...

Publicado en:

http://laligadelajusticiademoliendohoteles.blogspot.com/2009/04/eutimio-estrella.html

Rhema (Campeche) dijo...

Publicado en:

Rhema No. 66 Mayo 2009
http://www.wobook.com/WBmP6KY2Kb3Q-60