“Es menos desagradable ver mendigar un pobre que un rico. Y un cartelón de propaganda es un rico que mendiga.”
- Gilbert Keith Chesterton
Una vocecilla se propaga de punta a punta, de norte a sur, de este a oeste, a todas horas, gracias a la radio y la televisión, nos dice al oído lo siguiente: “Lo que hace grande a un país es la participación de su gente”.
Y la gente se lo cree. O mejor dicho, como bien dijo el político alemán Paul Joseph Goebbels, una mentira repetida adecuadamente mil veces se convierte en una verdad.
El Instituto Federal Electoral, más que un árbitro en la contienda rumbo a la presidencia, pareciera haberse convertido en un partido político más (aunque podría decirse que lo son desde hace casi 6 años, al secundar al partido en el poder para arreglar las elecciones pasadas). Según el IFE, a mayor número de personas inscritas en el padrón electoral, más grandioso y democrático será el país. Por ello, cual partido político, no escatima recursos para tener presencia en los medios de comunicación. Reto al lector a que hoy en la noche se siente a un lado de su santa madre a ver la telenovela de las 9:30 de la noche. De preferencia en el Canal de las Estrellas. Allí siempre hay más piel que mirar, además de que muestra los bonitos paisajes coloniales de la ciudad donde vivo, en un esfuerzo supremo de la gobernadora por atraer al turismo, claro, cuando los interminables anuncios comerciales lo permiten.
-¿Cómo puedes ver esta bazofia? –le reprocharás a mamá en el primer corte comercial, aunque en el fondo, esperando con ansias que retorne lo antes posible la pasarela de carne.
-Pues para que lo sepas –mamá se defenderá con uñas y dientes- está muy buena la novela.
Para fortuna de mamá, tendrá alrededor de 8 minutos para explicarte de pe a pa la maravillosa y trepidante trama de Abismo de Pasión. Naturalmente con 5 minutos basta para ponerte al corriente con los 25 capítulos que estúpidamente te has perdido por creerte un intelectual.
-Uy, no me hagan esto –se quejará con amargura mamá al entrar el segundo bloque de comerciales.
Si logras vencer el trance o hipnosis al cual nos inducen las telenovelas mediante frecuencias invisibles y embrutecedoras que adormecen el cerebro, te cuestionarás cómo es posible que mamá pueda ver una retahíla de 20 anuncios comerciales ininterrumpidos (sin cambiar de canal) antes de que retornen a la pantalla los protagonistas semidesnudos.
-¿Apoco fueron tantos comerciales? –preguntará mamá sorprendida al escuchar tu nuevo reproche, teniendo poco tiempo para digerir el asombro, 5 minutos exactos de telenovela antes de que entre el tercer y último bloque de anuncios, traducción: 19 comerciales (8 minutos efectivos de programación).
Si fuiste lo suficientemente observador, habrás notado que el IFE colaboró con sus buenos granitos de arena. Ni Coca-Cola se anuncia tanto, que según dicen, es la empresa que más invierte en publicidad.
![]() |
Gráfica realizada por PonySR |
Como soy un periodista de baja estofa, perezoso y propenso a las conjeturas, en vez de investigar, mejor hago una serie de cuestionamientos al aire, de botepronto:
¿Cuánto miles de pesos cobrará Televisa a sus patrocinadores por aparecer (una vez) en su programación con mayor rating?
¿Seremos tan estúpidos los ciudadanos que necesitamos escuchar 12 veces en una hora la misma trasnochada idea de que votar transformará al país para bien?
¿Alguien recuerda la fecha límite para inscribirse en el padrón electoral, y lo más importante, alguien creyó realmente que si denuncias a los malhechores y/o servidores públicos que intenten obligarte a votar por determinado candidato, estos serán arrestados por sendos policías de la AFI como lindamente muestran los anuncios?
Lo único claro y cierto en este asunto es que el IFE (cual partido político) está derrochando un multimillonario presupuesto (que para en manos de las televisoras y que nosotros pagamos con nuestros impuestos), además de que nos toma por retardados mentales, de lo contrario no se repetirían de a tres en tres sus anuncios.
Es eso o nos quieren lavar descarada y abiertamente el cerebro (cual partido político) repitiendo: “Lo que hace grande a un país es la participación de su gente”, lo cual, sobra la aclaración, es una descarada y aberrante mentira. Lo único que puede hacer grande a un país (si es que no está en nuestros planes conquistar Guatemala y Honduras) es la educación de su gente.