Los mayas han
profetizado el fin del mundo en diciembre de este año. Naturalmente, se ha
montado una gran alharaca en todo el planeta, en especial en occidente. Y con
justa razón. Los mayas tienen una reputación que los precede. Inventaron el
cero. La pirámide de Chichén Itzá anuncia el equinoccio de primavera y otoño con
precisión insuperable. E incontables etcéteras.
¿Será cierto
entonces que vendrá el Apocalipsis en poco más de medio año?
Wendy, la editora
de reportajes del suplemento Domingo,
me llama para decirme si me interesaría hacer un reportaje sobre unos italianos
que viven en una comuna en la comisaría de Xul, municipio de Oxkutzcab, al
sur del Estado de Yucatán, donde están esperando la llegada del fin de los
tiempos que profetizaron los mayas.
-Los italianos
son cosa de niños –le digo-. Te tengo una historia mejor.
-Soy toda
oídos –dice incrédula.
-¿Me creerías
si te digo que en una ciudad pequeñita y amurallada existió una mujer llamada Regina, señora con poderes sobrenaturales que predijo a finales
de los años setentas que un diluvio de proporciones bíblicas acabaría con la
humanidad, quien armada de valor, recolectó donativos entre sus vecinos para
construir un Arca tan impresionante como la de Noé, con la diferencia de que
los tripulantes, en vez de ser animales, serían campechanos?
-Te quiero en Campeche
mañana mismo –me ordena.
* * *
-No lo puedo
creer, ¿en serio hubo un arca aquí? –pregunta escéptica Elena, novia de mi primo Lalo,
viendo la fachada de una casa de aspecto común y corriente.
-Así como lo
oyes –le responde Lalo-, El Arca está en el patio.
-Creo que no
hay nadie –dice mi primo P
dándole unos golpecitos a la reja.
Estamos en la
calle Villa Cabra de la colonia Bellavista, uno de los barrios más humildes de
la ciudad. No fue difícil encontrar el domicilio donde cuenta la leyenda (es
decir, nuestros papás y todos los señores mayores de 50 años), se construyó la
mítica Arca. Nada más entramos a la colonia le preguntamos al primer transeúnte
que vimos si conocía el lugar de los hechos y no tuvo empacho en conducirnos
hasta el lugar exacto. Nos dice que ahora no vive nadie en la casa.
-¿Entró usted
alguna vez a conocer El Arca? –hago la primera pregunta de cientos que haré
durante mi estadía en Campeche.
-Sí… no,
nosotros no creíamos en nada de eso, yo vivo más para arriba, donde me vieron
ahí bajando, si quieren saber más, pregúntenle a Manuel, él fue vecino de
Regina. Pero eso del barco tiene añísimos, solo quedan unas maderas.
* * *
-Ya tiene 40
años de eso –dice don Manuel, vecino del predio donde supuestamente fue
construida El Arca.
-¿Entonces si
fue verdad que construyeron un Arca? –pregunto emocionado, pues tras la fachada
de la casa no se alcanza a ver nada de la colosal Arca.
-Qué Arca.
Rentaron la casa de aquí a lado y empezaron a construir una casa dentro de la
casa. Tremendos pilastrones de dos metros que tiene. Unos barrotes de material.
Finjo
sorpresa, como si fuese una exclusiva enterarme que el Arca era de concreto. En
Campeche todo el mundo sabe que lo paradójico (o gracioso) del asunto era saber
cómo pensaba Regina que iba flotar su dichosa Arca.
-La gente
empezó a vender sus terrenos, casas, para poder venir a vivir aquí. Mi hijo
estaba tiernito. A esta hora nos teníamos que encerrar porque el humo y el olor
eran terribles. Diez años estuvo construyendo eso. Vino aquí hasta el ejército.
Hubo balazos.
-¡Estaba
armada la gente de Regina? –P interrumpe el relato, pues es un amante y cuasiespecialista
en historias de sectas terroristas; que exista la posibilidad de que en la
ciudad donde nació hubo una, lo pone a babear como a una mujer embarazada
frente a una nevera llena de helados de chocolate.
Para regocijo
de P, don Manuel da la respuesta milenaria que esperaba escuchar:
-Sí… le dieron
a un policía. Fue a plena luz del día. Como a estas horas.
Según nos
relata don Manuel, mucha gente de otros barrios venía a buscar a sus familiares
que se habían ido a vivir con Regina. Y a la fuerza los querían sacar porque no
se querían ir.
-Quemaron
periódico, lámina. Una moto. Así empezó el relajo.
Los ojos de P
se ponen cristalinos. Diáfanos. Puedo ver a través de ellos. Estoy seguro que en
su cabeza imagina algo tan terrible como la matanza de Jonestown.
-¿Cuántas
personas llegaron a vivir en El Arca? –pregunta curioso.
-Unas 200 o
300 personas.
Ahora no solo es
P el que se sujeta de la pared para mantener la vertical. Don Manuel dice que vino
el ejército por órdenes del Gobernador Echeverría Castellot. En el año 83 o 84.
Que a Regina la sacaron por la ventana. Y que adentro había de todo, según se
decía. Incluso algunos afirmaban haber visto orgías.
-Aunque para
saber exactamente lo que pasaba adentro tendrían que hablar con la dueña de la
casa. Vive más para arriba.
* * *
Doña Norma no
está en casa. Su esposo, don Wilberth, nos informa que regresa hasta dentro de
una o dos horas de ver unas diligencias.
-¿Para qué la
buscan? –pregunta.
Le explicamos
que unos vecinos nos dijeron que ella es la dueña de la casa donde se construyó
El Arca y queríamos hacerle unas preguntas para un reportaje.
-A ver si se
acuerda –don Wilberth se rasca la cabeza-. Ya no hay nada. Ya tiene rato eso.
Si hubieran dejado que acabe, hubiera sido un monumento eso.
Emocionado nos
explica que el barco tenía de todo. Hasta literas. Que lo vio muy de cerca
porque estaba en casa de su suegra. Que estaba muy bien hecho. Todo
calafateado. Con unos tubos llenos de concreto.
-Según la
señora era para que aguantara la embestida del tiempo. Todo era de madera, pura
madera de pulgada. Tablón. Pero cayó todo.
Nos relamemos
los bigotes. Don Wilberth es un libro abierto. Nos cuenta que la historia se ha
convertido en leyenda gracias a que toda la gente que estuvo viviendo allí ha
muerto. También nos aclara que se han inventado muchas historias falsas, como
por ejemplo, que abusaban de las muchachas y que se vendían boletos para poder
tener un lugar dentro de El Arca.
-Todo el
tiempo estaban rezando. Puro rezo. Llegaron a estar 200 personas. Gente de
dinero y gente humilde. Diario llegaba gente. A curarse. Porque según la señora
era curandera. Y si querías tú, pues donabas algo. Una pequeña paga. Tu
voluntad.
Según don
Wilberth la construcción comenzó en los años setentas y duró entre 10 a 15
años. Hace cuentas mentales. Para tener un punto de referencia nos dice que sus
hijos estaban chicos y que ahora tienen 30 años. Nos señala la calle y nos dice
que en ese entonces no había carretera. Que todo era virgen. Que llegaron a
vivir familias enteras dentro de El Arca. Y que intervino la policía porque los
vecinos de otras colonias decían que tenían secuestrado a un chamaco. Pero que
eso también era mentira. Le consta. Nos recuerda que la casa era de su suegra.
Le pregunto si
se acuerda del año exacto en que la policía desalojó a Regina. Me responde que
no lo recuerda. Pero de lo que sí se acuerda es que la metieron presa.
-¿Regina dio
alguna fecha específica de cuándo se iba a acabar el mundo?
-Parece que
sí, pero no me acuerdo.
* * *
-Nos pediste
ayuda para hacer un reportaje, ¿no? –me pregunta Lalo trepado en el techo de la
casa que oculta El Arca.
Miro en todas
direcciones. Tal como esperaba, los vecinos nos empiezan a mirar raro. Como lo
haría cualquier vecino que ve a dos hombres y a una mujer treparse en un techo
sin el permiso de la dueña de la casa.
-Vamos, sube
–le tiendo la mano a P para que suba.
-No estoy loco
–se queda parado en tierra firme-, los gordos siempre somos los
primeros en morir, linchados o en caídas aparatosas. Mejor voy a comprar una
cerveza aquí a lado, espero me vean como a un cliente y no como a un ladrón.
El techo de la
casa es de asbesto. Ruego para que resista el peso de 3 personas adultas. Elena, Lalo y yo nos
asomamos al patio. Decepción total. Ya no queda nada de El Arca. Solo unas tablas podridas y viejas. Y casi ya ni eso. Sin embargo, allí
están los pilares de concreto de los que hablaba don Manuel. Con algo de
imaginación se puede ver la forma o estructura de una inmensa barca.
-¡Ey, que
buscan ahí? –nos llama la atención un hombre que apenas roza los treinta años.
-Perdón, solo
queríamos ver El Arca –se disculpa Elena con cara de niña buena.
Tomo nota
mental de siempre llevar conmigo a una mujer a la hora de hacer reportajes que
involucren el allanamiento de propiedad privada. Los nuevos inquilinos de la
casa ablandan sus corazones al ver que no somos unos ladrones, incluso nos
saludan como personas civilizadas cuando bajamos del techo, no sin antes ensangrentarme
las rodillas.
-Mucho gusto,
Candelario –me extiende la mano-. Ella es Rosalía, mi esposa.
Les explico
que estamos haciendo un reportaje sobre El Arca. Que nos gustaría entrar a ver
la casa. Rosalía amablemente nos muestra el interior de la casa. Es humilde. De concreto. Las paredes pintadas de color rosa.
Una sala, un comedor y un cuarto. Nos dice que en la época de Regina su papá
entró con unos camarones. Que la casa siempre estaba llena de gente. Trabajaban
todo el día en la construcción de El Arca. Se turnaban para dormir. Que ella
tenía 5 o 6 años cuando ocurrió todo. Que pasaba caminando y veía esa cosa
grandota y le daba miedo. Que nunca imaginó que con el paso de los años
terminaría viviendo en la casa.
-Y es que todo
mundo tiene miedo de venir a vivir aquí –nos cuenta-, pero yo digo, ¿por qué? Yo
tengo un mes aquí. Hay mucha tranquilidad. Ya ve que cuando hay algo malo,
entran y enseguida se siente.
En efecto, en
la casa se siente mucha paz. Aunque quizá no para todos. Rosalía nos confiesa que
doña Norma, la dueña de la casa, le platicó que el antiguo inquilino era un
muchacho que se drogaba. O eso decían los vecinos. Y que con un machete le
pegaba a El Arca. Todas las noches. Hasta que la desbarató y le prendió fuego.
Al entrar al
patio contamos 7 columnas de acero oxidadas rellenas de concreto. Miden dos metros y medio aproximadamente cada una. La naturaleza se
ha apoderado de ellas. Incluso un árbol se las ingenia para continuar su crecimiento sobre una
columna. Láminas y pedazos de madera con tornillos se encuentran regados por
todo el piso infestado de maleza. No puedo imaginarme cómo podían vivir 200
personas hacinadas en un terreno de unos 16 metros de fondo por 8 de ancho. También
hay una misteriosa esfera de concreto junto al pilar que vendría a ser la quilla
del barco.
* * *
Al abandonar
la casa la suerte nos vuelve a sonreír. Temo quedar como un perfecto idiota a
estas alturas pero lo diré: desde que comencé el reportaje siento que Regina o
una fuerza superior coloca las piezas del rompecabezas en nuestras narices. Candelario
y Rosalía nos dicen que la señora que está parada en la esquina esperando su
camión es la dueña de la casa, doña Norma.
-La que vivía
aquí era mi mamá. Pero ya está viejita. Ni te va a decir nada porque no se
acuerda de nada.
Le hago la
pregunta obligada, en qué fecha comenzó Regina a construir El Arca. Doña Norma
hace memoria. Al igual que su esposo toma como punto de referencia a su hijo.
Dice que su hijo tiene 34 años. O sea que, todo comenzó como en el año 78 0 79
y terminó en el 89. Me dice que Regina vivía aquí abajo, en la estación
antigua. Que allí conoció a su hermanita por que ellos también vivían en la
misma colonia. Entonces Regina y su hermanita, que ya falleció, me aclara, se llevaban
mucho. Y fue precisamente ella quien el dijo a su mamá si le prestaba la casa
para que Regina pudiera hacer sus curaciones.
-Prendían
candela, se lo pasaban los huevos a la gente y lo reventaban. Pero a los
vecinos no les gustaba. Por el olor. Porque era mucho lo que quemaban. Cajas de
huevo quemaban, bastante. Desde las 4 de la tarde hasta que amanecía. Diario
era eso.
-O sea, que el
que vendía los huevos se hizo rico –apunta Elena en todo de broma.
-Mi mamá era
la que los vendía.
-¿Cómo comenzó
Regina con la idea de El Arca? –pregunto para cambiar de tema.
Doña Norma
relata que Regina se posesionaba. Que era Dios quien le decía que tenía que
hacer un Arca. Y que le dio hasta las medidas exactas.
P no se resiste
y pregunta si eran cristianos los seguidores de Regina. Doña Norma dice que no,
que eran católicos. Sorprendido por la respuesta, P pregunta que cómo era
posible que se dejaran pasar huevos por el cuerpo los católicos si ellos no
creen en eso.
-Pues creían.
Creían en ella. Curaba a los que venían y creían en ella.
-¿Usted creía
en Regina?
-Yo no creía.
Le preguntamos
si vio a Regina curar a alguna persona. Nos dice que no. Le preguntamos si
conoce a alguien que haya vivido dentro de El Arca a la que podamos contactar.
Nos dice que no. Le preguntamos si tiene alguna foto de El Arca. Nos dice que
nadie tomó fotos. ¿Y los periódicos? Nos dice que sí, que los periódicos sí
tomaron fotos. ¿Más o menos en que año publicaron las fotos? En el 85 u 86. ¿En
qué año pronosticó el diluvio Regina? En 1990. ¿Algún día en específico? Solo
decía el año. ¿Terminaron El Arca? Sí, puro cuartito, puras literas. ¿Qué fue
de Regina? Tiene 10 años que murió. ¿Qué hacían dentro del Arca? Puros rezos,
oraciones con la Virgen María. ¿Se quedó a dormir alguna vez con ella? Nunca, a
mi esposo no le gustaba eso. ¿Por qué se quedaba la gente a dormir? Pensaban
que iba a pasar como con Noé. Igualito. Como ya se dio esa historia, la gente
creía que iba a volver a repetirse, ellos creían en eso. ¿No le daba miedo que
pudiera ocurrir de verdad el diluvio? Nunca lo creí. La señora se posesionaba.
Decía que estaba Cristo en ella. Mucha gente hasta dejó su trabajo, perdió su
trabajo por eso mismo, por venir a trabajar con la señora. Muchos albañiles
venían. Yo solo iba en las tardes a ver que curaran a la gente. ¿Saben una
cosa?, ya me acordé quién estuvo en el Arca.
* * *
Doña Kandra no duda en relatarnos ampliamente su experiencia,
pese a las miradas hoscas de algunos de sus familiares.
-Yo vivía
antes en la misma calle. Una vez mi suegra me dice: ¿qué te pasa? Me siento
mal, le digo, siento que me estoy muriendo. Agarró ella y me dice: ¿por qué no
vas a que te cure? No, francamente. Me dice: anda, vamos. Y me llevó, como a
esta hora. Ciertamente fui. Y entonces, su hermanita de ella –doña Kandra
señala a doña Norma-, porque por medio de su hermanita curaba, apenas me agarró,
me dice: te tienen hecho un mal. Te vamos a despejar. En un anafre tenían
blanquillos. Según como te están curando se van reventando los blanquillos. Y
oías blam, blam, blam. Y me dice: ven mañana. Y seguí yendo, y me gustó mucho.
Se veía muy bonito todo lo que van haciendo. Y allá quedé bien. Por que me
había dicho ella que estaba ya por morirme. Y realmente sí.
Le pregunto si
fue a consultar a algún doctor. Me responde que sí. Que fue y que el doctor le
dijo que no tenía absolutamente nada. Por eso fue con Regina. Para que la
operara espiritualmente. Por que ahí puros cantos de Dios, de la Virgen.
-Había un
muchacho que trajeron con sogas, como un animal. Puesta la soga traía. Ella lo
dejó bien en ese instante. Nosotros no tenemos la visión. Pero las que curaban
sí lo veían. Venían en forma de cosas feas. Eran malos. Eran como dice Jesús,
eran los demonios, los 3 demonios que a veces en el cuerpo lo tienen.
Doña Kandra nos
cuenta que varias personas ayudaban a Regina. La principal era la hermanita de
doña Norma. Que en paz descanse, dice. Tiene dos años que acaba de morir. Ellas
tenían la visión.
Le pregunto si
se quedó a dormir en El Arca. Me responde que nunca se quedó a dormir. Pero que
ella y su hija iban diario a verla. Entraban en la tarde y salían entre las dos
o tres de la mañana. Les gustaba ir porque allí hacían curaciones muy bonitas.
Dice que durante un año estuvo con Regina. A su lado. Ante de que empezara la
construcción de El Arca. Rememora sus peregrinaciones. Nos cuenta que fue a
México, a Cholula, a Oaxaca, entre otros lugares. Puro trabajo viviente, de
curaciones, afirma. Relata cómo las médiums se posesionaban. Se lamenta una vez
más de no tener el don de la visión. Las médiums veían cosas horribles, dice. Y
lo desintegraban por medio de los blanquillos.
Entonces
suelta algo que nunca esperé escuchar:
-Yo tengo
fotos de ella.
-¿De quién?
–pregunto con el corazón paralizado.
-De doña María
Regina.
Acto seguido, entra
a su casa. Se escuchan reclamos de sus familiares. Al parecer Regina es un tema
delicado. A los dos minutos sale con un sobre. De él saca varias fotografías ajadas.
-Se me mojaron
cuando el huracán Gilberto –se disculpa-. Todos estos que ve acá iban con ella.
En la imagen
se ve a una señora de unos cuarenta y tantos años. Robusta. Ojos claros. El
cabello suelto. Enfundada en un vestido rosa. Una señora que en apariencia dista
ser una líder espiritual.
Una a una doña Kandra nos va mostrando las fotos. O lo que queda de ellas.
-Oiga, ¿y
ahora por qué se ocuparon tan tarde que ella no vive? –me reprocha.
* * *
Los
testimonios de El Arca están plagados de fechas inexactas. Unos dicen que comenzó
a mediados de los setentas y que finalizó con el arresto de Regina en el año 84,
otros aseguran que fue en el 89. Y para colmo de males, nadie tiene testimonio
fotográfico. Lo único que puede darle validez a la historia es la prensa. Me
enclaustro en la hemeroteca de la ciudad con Etienne, hermano de Lalo. Pasamos infinidad
de horas respirando los hongos impregnados en los papeles viejos que custodia el
Archivo General del Estado solo para darnos cuenta que a pesar de la relevante
noticia estamos buscando una aguja en un pajar. Sin la fecha exacta nos tomará semanas
revisar todos los periódicos de los años setentas y ochentas.
Entonces
ocurre un último golpe de suerte. En un restaurante me topo por casualidad con
un viejo amigo. El maestro Pino. Profesor de literatura en la Universidad
Autónoma de Campeche.
-¿Y ese
milagro? –me saluda.
Le platico que
regresé unos días a Campeche porque me encargaron hacer un reportaje sobre El
Arca de Regina. Los ojos del maestro, de la sorpresa, parecen salir de sus cuencas.
-No me lo vas
a creer –dice tomándose una pausa teatral-, yo hice el primer reportaje de
Regina.
* * *
Quedo en verme
con el maestro Pino a primera hora de la mañana en su oficina. En medio de tres
secretarias, constantes llamadas telefónicas, interrupciones cada dos minutos,
el maestro tiene la gentileza de hacerse un tiempo en su trabajo para
concederme la entrevista.
-La casa, lo
que yo recuerdo, era como un templo con bancas. Era…
-¿En qué año
hiciste el reportaje? –lo interrumpo desesperado, pensando en no pasar una hora
más de mi vida contaminando mis pulmones en la hemeroteca.
-Ahora te voy
a decir con toda precisión… –el maestro Pino se frota la frente- en el año 81.
Estaba yo en tercero de preparatoria.
En una hoja
dibuja un mapa con El Arca. Pone unas rayitas alrededor de la barca. Me
dice que la señora había vendido pedazos alrededor de ella. Que los de afuera
eran los que aportaban la mano de obra. Vivían ahí. Eran familias. En
condiciones infrahumanas. Vivían de 10 en 10. Las separaciones eran de lámina.
Techos de cartón. Que para ser apóstol (me aclara que eran 12 mujeres) tenías
que pagar, luego entonces había una relación de poder, de dinero, con salvación.
Los de adentro que eran lo que aportaban el dinero eran los que iluminaban a los
de afuera.
Le comento que
vi una pelota de concreto en El Arca. El maestro me dice que la recuerda, que
estaba pintada del color de la tierra. Regina le platicó que cuando el agua llegara
a los cimientos, estos se iban a remover, entonces El Arca iba a flotar.
-¿Y la pelota?
–insisto.
Me explica que
la pelota supuestamente estaba tocada por una fuerza divina y en el momento que
se moviera dentro del barco iba a ser la dirección que debían tomar, iba a ser
la guía de salvación, pero esta pelota además iba a ser arrojada en el lugar
donde ellos iban a bajar para mantener la vida en el Planeta Tierra. Me dice
que Regina estaba convencida del fin del mundo. Y la gente que estaba allá, también.
-Hay muchas
cosas misteriosas que tienen cierta lógica –se frota la barbilla el maestro-,
no sé si hayan sido cosas razonadas por parte de ella al calor de la religión,
de su propia certeza de que las cosas iban a ocurrir así, de su propia versión
de existencia y de vida, entonces esto es maravilloso. Claro, era tanto el
impacto de esto que la gente se enloqueció, El Arca ya no era suficiente para
tantas personas.
Le pregunto cómo
es que siendo tan joven fue él la primera persona en hacer un reportaje de
semejante envergadura. Su respuesta es simple. Lo invitó José Luis Llovera a trabajar en el Diario de Campeche, y
aceptó. Su primer trabajo fue visitar El Arca. Y quedó tan fascinado con el
personaje de Regina que se olvidó del tiempo, en el periódico se preocuparon al
ver que no regresaba y llamaron a la policía para que fueran a rescatarlo.
Cuando salió
el reportaje se convirtió en una bola de nieve, me cuenta, todo Campeche puso
sus ojos en El Arca. Peregrinaciones venían de Champotón, de Tenabo, para ver
qué pasaba con esto, y cuando yo regresé el viernes, al quinto día, el lugar estaba
totalmente poblado, ya no cabía la gente ahí, gente convencida que en efecto
iba a suceder el fin del mundo, y que se iban a salvar a través de esta
Arca.
-Salió hasta
en la televisión nacional, todo mundo estaba enfocado en Campeche, jamás se
había construido un Arca, ¿te imaginas el pinche impacto?
-¿Tomaste
fotos?
-El fotógrafo
del periódico. Ya se murió, creo. Era de Yucatán. Se publicaron algunas. Luego que
salió el reportaje los que vivían en El Arca hicieron una barrera humana y no
dejaban pasar a nadie. Entonces las fotos las tomaban por arriba. El Novedades,
El Tribuna, El Diario de Campeche. Y los periódicos regionales y nacionales que
vinieron. Vino la televisión. Vino Televisa.
Por enésima ocasión
en la mañana el maestro Pino es requerido por una de las secretarias y tiene
que abandonar la oficina. Antes de hacerlo me entrega unas fotocopias de un
libro titulado “Talleres”, del año 1990, publicado por el INBA y la Casa de la
Cultura de Campeche. Son 7 páginas de un fantástico cuento titulado “Estas
manos así como las ve”, basado en su primer reportaje sobre El Arca de Regina.
-¿En verdad existió
el cártel que relatas en tu cuento?
-Claro, estaba
ahí. “Si tu Dios está muerto prueba el mío”.
-Y la parte
del cuento donde narras que el padre de Regina se acostaba con su madre frente
a ella… ¿eso fue verdad?
-Sí, ella me
dio a entender todo eso, fue muy obvia conmigo.
-¿Y la parte
del hermano con ella?
-Había un
incesto ahí.
-¿Desde los 7
años comenzó a tener la visiones?
-Sí.
-¿En que año escribiste
el cuento?
-En el 84. Lo
hice antes de los talleres literarios. El reportaje lo llevé a la literatura.
Te quiero comentar que he buscado el periódico donde publiqué el reportaje y no
lo he encontrado. Está perdido. Busqué en las hemerotecas y nada.
* * *
Última parada.
La hemeroteca de la Universidad. El maestro Pino tiene razón. No queda rastro
de su reportaje. En los archivos increíblemente no tienen los periódicos del
extinto Diario de Campeche. P, Lalo, Etienne y otros amigos campechanos nos
repartimos la búsqueda del año 81 en otros periódicos.
-No hay nada
–mascullo entre dientes cerrando el libro del mes de diciembre.
-En media hora
cerramos –informa el guardia de la hemeroteca.
Nos repartimos
entre todos el año 82. Me toca el libro del mes de Mayo. Nada más muevo la
tapa, con la certeza de que El Arca fue una fantasía, una leyenda urbana de los
habitantes de Campeche, cuando me sorprende una pequeña foto de Regina. La reconozco gracias a las fotos
que nos había enseñado doña Kandra.
-¡Aquí está!
–grito como una colegiala.
En la imagen
se ve a Regina con la mirada desorbitada, de una lunática. Un vestido floreado.
El rostro un poco ajado. “El fin del mundo cerca” es el título de un artículo. “El 25
de febrero de 1983 se acabará el mundo”, dice la primera línea. Todos los
reportajes ocurrieron en Mayo. “Continúa la construcción de la nave del olvido; la dirige María Regina”,
dice otro encabezado. “No acepta la Iglesia nada de lo que dice Ma. Regina”. También
aparecen los encabezados de su captura. “María Regina, en la prisión”. “Formal denuncia en contra de María Regina en la DAP por ‘allanamiento demorada’”. Incluso Mario Herrera Tercer y su compañía montaron una
obra cómica en su honor: “El Arca de Regina (la quema huevos)”. Y finalmente lo que
tanto estábamos buscando. Una fotografía que saque de todas las dudas a los
incrédulos.
Por desgracia,
tal como ocurre cuando se muestra evidencia extraterrestre o del Jeti o del
Monstruo del lago Ness, la foto de El Arca está borrosa. Pero no tanto como
para no ver que se trata de una inmensa barca de madera a medio construir. “LA
CONSTRUCCIÓN de la ‘Nave del olvido’ continua como puede apreciarse en la
gráfica. Al interior del lugar no se permite la entrada de desconocidos”, leemos todos en derredor del periódico.
5 comentarios:
Muy buena nota.
Lo único, que no se ven las imágenes.
Saludos desde Bs As
Ah, escribe mas seguido pues.
Hola, qué extraño, aquí en la oficina sí se ven las imagenes, entra a mi face, ahí subí todas las fotos del reportaje
https://www.facebook.com/media/set/?set=a.10151916566190175.891458.636020174&type=3
Abrazo fuerte.
Agh! Qué buena historia. No pude dejar de leer hasta el final, y me quedé con hambre de más!! Tiene intriga... está excelente!! ¿Has pensado en hacer un guión cinematográfico? Estaría genial ver esta historia convertida en película algún día. Considéralo. KHG
Hola Kutzi, si todo sale bien, hay cierto actor nominado a un Oscar que le podría interesar.
Abrazo fuerte, me alegra que te haya gustado.
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