domingo, 8 de julio de 2012

En busca de El Arca perdida



Los mayas han profetizado el fin del mundo en diciembre de este año. Naturalmente, se ha montado una gran alharaca en todo el planeta, en especial en occidente. Y con justa razón. Los mayas tienen una reputación que los precede. Inventaron el cero. La pirámide de Chichén Itzá anuncia el equinoccio de primavera y otoño con precisión insuperable. E incontables etcéteras.

¿Será cierto entonces que vendrá el Apocalipsis en poco más de medio año?

Wendy, la editora de reportajes del suplemento Domingo, me llama para decirme si me interesaría hacer un reportaje sobre unos italianos que viven en una comuna en la comisaría de Xul, municipio de Oxkutzcab, al sur del Estado de Yucatán, donde están esperando la llegada del fin de los tiempos que profetizaron los mayas.

-Los italianos son cosa de niños –le digo-. Te tengo una historia mejor.

-Soy toda oídos –dice incrédula.

-¿Me creerías si te digo que en una ciudad pequeñita y amurallada existió una mujer llamada Regina, señora con poderes sobrenaturales que predijo a finales de los años setentas que un diluvio de proporciones bíblicas acabaría con la humanidad, quien armada de valor, recolectó donativos entre sus vecinos para construir un Arca tan impresionante como la de Noé, con la diferencia de que los tripulantes, en vez de ser animales, serían campechanos?  

-Te quiero en Campeche mañana mismo –me ordena.    



* * *


-No lo puedo creer, ¿en serio hubo un arca aquí? –pregunta escéptica Elena, novia de mi primo Lalo, viendo la fachada de una casa de aspecto común y corriente.

-Así como lo oyes –le responde Lalo-, El Arca está en el patio.

-Creo que no hay nadie –dice mi primo P dándole unos golpecitos a la reja. 

Estamos en la calle Villa Cabra de la colonia Bellavista, uno de los barrios más humildes de la ciudad. No fue difícil encontrar el domicilio donde cuenta la leyenda (es decir, nuestros papás y todos los señores mayores de 50 años), se construyó la mítica Arca. Nada más entramos a la colonia le preguntamos al primer transeúnte que vimos si conocía el lugar de los hechos y no tuvo empacho en conducirnos hasta el lugar exacto. Nos dice que ahora no vive nadie en la casa.

-¿Entró usted alguna vez a conocer El Arca? –hago la primera pregunta de cientos que haré durante mi estadía en Campeche.

-Sí… no, nosotros no creíamos en nada de eso, yo vivo más para arriba, donde me vieron ahí bajando, si quieren saber más, pregúntenle a Manuel, él fue vecino de Regina. Pero eso del barco tiene añísimos, solo quedan unas maderas. 


* * *


-Ya tiene 40 años de eso –dice don Manuel, vecino del predio donde supuestamente fue construida El Arca.

-¿Entonces si fue verdad que construyeron un Arca? –pregunto emocionado, pues tras la fachada de la casa no se alcanza a ver nada de la colosal Arca.

-Qué Arca. Rentaron la casa de aquí a lado y empezaron a construir una casa dentro de la casa. Tremendos pilastrones de dos metros que tiene. Unos barrotes de material.

Finjo sorpresa, como si fuese una exclusiva enterarme que el Arca era de concreto. En Campeche todo el mundo sabe que lo paradójico (o gracioso) del asunto era saber cómo pensaba Regina que iba flotar su dichosa Arca.   

-La gente empezó a vender sus terrenos, casas, para poder venir a vivir aquí. Mi hijo estaba tiernito. A esta hora nos teníamos que encerrar porque el humo y el olor eran terribles. Diez años estuvo construyendo eso. Vino aquí hasta el ejército. Hubo balazos.

-¡Estaba armada la gente de Regina? –P interrumpe el relato, pues es un amante y cuasiespecialista en historias de sectas terroristas; que exista la posibilidad de que en la ciudad donde nació hubo una, lo pone a babear como a una mujer embarazada frente a una nevera llena de helados de chocolate.

Para regocijo de P, don Manuel da la respuesta milenaria que esperaba escuchar:

-Sí… le dieron a un policía. Fue a plena luz del día. Como a estas horas.

Según nos relata don Manuel, mucha gente de otros barrios venía a buscar a sus familiares que se habían ido a vivir con Regina. Y a la fuerza los querían sacar porque no se querían ir.  

-Quemaron periódico, lámina. Una moto. Así empezó el relajo.

Los ojos de P se ponen cristalinos. Diáfanos. Puedo ver a través de ellos. Estoy seguro que en su cabeza imagina algo tan terrible como la matanza de Jonestown.

-¿Cuántas personas llegaron a vivir en El Arca? –pregunta curioso.

-Unas 200 o 300 personas.

Ahora no solo es P el que se sujeta de la pared para mantener la vertical. Don Manuel dice que vino el ejército por órdenes del Gobernador Echeverría Castellot. En el año 83 o 84. Que a Regina la sacaron por la ventana. Y que adentro había de todo, según se decía. Incluso algunos afirmaban haber visto orgías.

-Aunque para saber exactamente lo que pasaba adentro tendrían que hablar con la dueña de la casa. Vive más para arriba.


* * *


Doña Norma no está en casa. Su esposo, don Wilberth, nos informa que regresa hasta dentro de una o dos horas de ver unas diligencias.

-¿Para qué la buscan? –pregunta.

Le explicamos que unos vecinos nos dijeron que ella es la dueña de la casa donde se construyó El Arca y queríamos hacerle unas preguntas para un reportaje.

-A ver si se acuerda –don Wilberth se rasca la cabeza-. Ya no hay nada. Ya tiene rato eso. Si hubieran dejado que acabe, hubiera sido un monumento eso.

Emocionado nos explica que el barco tenía de todo. Hasta literas. Que lo vio muy de cerca porque estaba en casa de su suegra. Que estaba muy bien hecho. Todo calafateado. Con unos tubos llenos de concreto.

-Según la señora era para que aguantara la embestida del tiempo. Todo era de madera, pura madera de pulgada. Tablón. Pero cayó todo.

Nos relamemos los bigotes. Don Wilberth es un libro abierto. Nos cuenta que la historia se ha convertido en leyenda gracias a que toda la gente que estuvo viviendo allí ha muerto. También nos aclara que se han inventado muchas historias falsas, como por ejemplo, que abusaban de las muchachas y que se vendían boletos para poder tener un lugar dentro de El Arca.

-Todo el tiempo estaban rezando. Puro rezo. Llegaron a estar 200 personas. Gente de dinero y gente humilde. Diario llegaba gente. A curarse. Porque según la señora era curandera. Y si querías tú, pues donabas algo. Una pequeña paga. Tu voluntad.

Según don Wilberth la construcción comenzó en los años setentas y duró entre 10 a 15 años. Hace cuentas mentales. Para tener un punto de referencia nos dice que sus hijos estaban chicos y que ahora tienen 30 años. Nos señala la calle y nos dice que en ese entonces no había carretera. Que todo era virgen. Que llegaron a vivir familias enteras dentro de El Arca. Y que intervino la policía porque los vecinos de otras colonias decían que tenían secuestrado a un chamaco. Pero que eso también era mentira. Le consta. Nos recuerda que la casa era de su suegra.

Le pregunto si se acuerda del año exacto en que la policía desalojó a Regina. Me responde que no lo recuerda. Pero de lo que sí se acuerda es que la metieron presa.

-¿Regina dio alguna fecha específica de cuándo se iba a acabar el mundo?   

-Parece que sí, pero no me acuerdo.


* * *


-Nos pediste ayuda para hacer un reportaje, ¿no? –me pregunta Lalo trepado en el techo de la casa que oculta El Arca.

Miro en todas direcciones. Tal como esperaba, los vecinos nos empiezan a mirar raro. Como lo haría cualquier vecino que ve a dos hombres y a una mujer treparse en un techo sin el permiso de la dueña de la casa.

-Vamos, sube –le tiendo la mano a P para que suba.

-No estoy loco –se queda parado en tierra firme-, los gordos siempre somos los primeros en morir, linchados o en caídas aparatosas. Mejor voy a comprar una cerveza aquí a lado, espero me vean como a un cliente y no como a un ladrón.

El techo de la casa es de asbesto. Ruego para que resista el peso de 3 personas adultas. Elena, Lalo y yo nos asomamos al patio. Decepción total. Ya no queda nada de El Arca. Solo unas tablas podridas y viejas. Y casi ya ni eso. Sin embargo, allí están los pilares de concreto de los que hablaba don Manuel. Con algo de imaginación se puede ver la forma o estructura de una inmensa barca.  

-¡Ey, que buscan ahí? –nos llama la atención un hombre que apenas roza los treinta años.

-Perdón, solo queríamos ver El Arca –se disculpa Elena con cara de niña buena.

Tomo nota mental de siempre llevar conmigo a una mujer a la hora de hacer reportajes que involucren el allanamiento de propiedad privada. Los nuevos inquilinos de la casa ablandan sus corazones al ver que no somos unos ladrones, incluso nos saludan como personas civilizadas cuando bajamos del techo, no sin antes ensangrentarme las rodillas.

-Mucho gusto, Candelario –me extiende la mano-. Ella es Rosalía, mi esposa.

Les explico que estamos haciendo un reportaje sobre El Arca. Que nos gustaría entrar a ver la casa. Rosalía amablemente nos muestra el interior de la casa. Es humilde. De concreto. Las paredes pintadas de color rosa. Una sala, un comedor y un cuarto. Nos dice que en la época de Regina su papá entró con unos camarones. Que la casa siempre estaba llena de gente. Trabajaban todo el día en la construcción de El Arca. Se turnaban para dormir. Que ella tenía 5 o 6 años cuando ocurrió todo. Que pasaba caminando y veía esa cosa grandota y le daba miedo. Que nunca imaginó que con el paso de los años terminaría viviendo en la casa.

-Y es que todo mundo tiene miedo de venir a vivir aquí –nos cuenta-, pero yo digo, ¿por qué? Yo tengo un mes aquí. Hay mucha tranquilidad. Ya ve que cuando hay algo malo, entran y enseguida se siente.

En efecto, en la casa se siente mucha paz. Aunque quizá no para todos. Rosalía nos confiesa que doña Norma, la dueña de la casa, le platicó que el antiguo inquilino era un muchacho que se drogaba. O eso decían los vecinos. Y que con un machete le pegaba a El Arca. Todas las noches. Hasta que la desbarató y le prendió fuego.

Al entrar al patio contamos 7 columnas de acero oxidadas rellenas de concreto. Miden dos metros y medio aproximadamente cada una. La naturaleza se ha apoderado de ellas. Incluso un árbol se las ingenia para continuar su crecimiento sobre una columna. Láminas y pedazos de madera con tornillos se encuentran regados por todo el piso infestado de maleza. No puedo imaginarme cómo podían vivir 200 personas hacinadas en un terreno de unos 16 metros de fondo por 8 de ancho. También hay una misteriosa esfera de concreto junto al pilar que vendría a ser la quilla del barco.     


* * *


Al abandonar la casa la suerte nos vuelve a sonreír. Temo quedar como un perfecto idiota a estas alturas pero lo diré: desde que comencé el reportaje siento que Regina o una fuerza superior coloca las piezas del rompecabezas en nuestras narices. Candelario y Rosalía nos dicen que la señora que está parada en la esquina esperando su camión es la dueña de la casa, doña Norma.

-La que vivía aquí era mi mamá. Pero ya está viejita. Ni te va a decir nada porque no se acuerda de nada.

Le hago la pregunta obligada, en qué fecha comenzó Regina a construir El Arca. Doña Norma hace memoria. Al igual que su esposo toma como punto de referencia a su hijo. Dice que su hijo tiene 34 años. O sea que, todo comenzó como en el año 78 0 79 y terminó en el 89. Me dice que Regina vivía aquí abajo, en la estación antigua. Que allí conoció a su hermanita por que ellos también vivían en la misma colonia. Entonces Regina y su hermanita, que ya falleció, me aclara, se llevaban mucho. Y fue precisamente ella quien el dijo a su mamá si le prestaba la casa para que Regina pudiera hacer sus curaciones.

-Prendían candela, se lo pasaban los huevos a la gente y lo reventaban. Pero a los vecinos no les gustaba. Por el olor. Porque era mucho lo que quemaban. Cajas de huevo quemaban, bastante. Desde las 4 de la tarde hasta que amanecía. Diario era eso.

-O sea, que el que vendía los huevos se hizo rico –apunta Elena en todo de broma.

-Mi mamá era la que los vendía.

-¿Cómo comenzó Regina con la idea de El Arca? –pregunto para cambiar de tema.

Doña Norma relata que Regina se posesionaba. Que era Dios quien le decía que tenía que hacer un Arca. Y que le dio hasta las medidas exactas.

P no se resiste y pregunta si eran cristianos los seguidores de Regina. Doña Norma dice que no, que eran católicos. Sorprendido por la respuesta, P pregunta que cómo era posible que se dejaran pasar huevos por el cuerpo los católicos si ellos no creen en eso. 

-Pues creían. Creían en ella. Curaba a los que venían y creían en ella.

-¿Usted creía en Regina?

-Yo no creía.  

Le preguntamos si vio a Regina curar a alguna persona. Nos dice que no. Le preguntamos si conoce a alguien que haya vivido dentro de El Arca a la que podamos contactar. Nos dice que no. Le preguntamos si tiene alguna foto de El Arca. Nos dice que nadie tomó fotos. ¿Y los periódicos? Nos dice que sí, que los periódicos sí tomaron fotos. ¿Más o menos en que año publicaron las fotos? En el 85 u 86. ¿En qué año pronosticó el diluvio Regina? En 1990. ¿Algún día en específico? Solo decía el año. ¿Terminaron El Arca? Sí, puro cuartito, puras literas. ¿Qué fue de Regina? Tiene 10 años que murió. ¿Qué hacían dentro del Arca? Puros rezos, oraciones con la Virgen María. ¿Se quedó a dormir alguna vez con ella? Nunca, a mi esposo no le gustaba eso. ¿Por qué se quedaba la gente a dormir? Pensaban que iba a pasar como con Noé. Igualito. Como ya se dio esa historia, la gente creía que iba a volver a repetirse, ellos creían en eso. ¿No le daba miedo que pudiera ocurrir de verdad el diluvio? Nunca lo creí. La señora se posesionaba. Decía que estaba Cristo en ella. Mucha gente hasta dejó su trabajo, perdió su trabajo por eso mismo, por venir a trabajar con la señora. Muchos albañiles venían. Yo solo iba en las tardes a ver que curaran a la gente. ¿Saben una cosa?, ya me acordé quién estuvo en el Arca.


* * *


Doña Kandra no duda en relatarnos ampliamente su experiencia, pese a las miradas hoscas de algunos de sus familiares.

-Yo vivía antes en la misma calle. Una vez mi suegra me dice: ¿qué te pasa? Me siento mal, le digo, siento que me estoy muriendo. Agarró ella y me dice: ¿por qué no vas a que te cure? No, francamente. Me dice: anda, vamos. Y me llevó, como a esta hora. Ciertamente fui. Y entonces, su hermanita de ella –doña Kandra señala a doña Norma-, porque por medio de su hermanita curaba, apenas me agarró, me dice: te tienen hecho un mal. Te vamos a despejar. En un anafre tenían blanquillos. Según como te están curando se van reventando los blanquillos. Y oías blam, blam, blam. Y me dice: ven mañana. Y seguí yendo, y me gustó mucho. Se veía muy bonito todo lo que van haciendo. Y allá quedé bien. Por que me había dicho ella que estaba ya por morirme. Y realmente sí.

Le pregunto si fue a consultar a algún doctor. Me responde que sí. Que fue y que el doctor le dijo que no tenía absolutamente nada. Por eso fue con Regina. Para que la operara espiritualmente. Por que ahí puros cantos de Dios, de la Virgen.     

-Había un muchacho que trajeron con sogas, como un animal. Puesta la soga traía. Ella lo dejó bien en ese instante. Nosotros no tenemos la visión. Pero las que curaban sí lo veían. Venían en forma de cosas feas. Eran malos. Eran como dice Jesús, eran los demonios, los 3 demonios que a veces en el cuerpo lo tienen.

Doña Kandra nos cuenta que varias personas ayudaban a Regina. La principal era la hermanita de doña Norma. Que en paz descanse, dice. Tiene dos años que acaba de morir. Ellas tenían la visión.

Le pregunto si se quedó a dormir en El Arca. Me responde que nunca se quedó a dormir. Pero que ella y su hija iban diario a verla. Entraban en la tarde y salían entre las dos o tres de la mañana. Les gustaba ir porque allí hacían curaciones muy bonitas. Dice que durante un año estuvo con Regina. A su lado. Ante de que empezara la construcción de El Arca. Rememora sus peregrinaciones. Nos cuenta que fue a México, a Cholula, a Oaxaca, entre otros lugares. Puro trabajo viviente, de curaciones, afirma. Relata cómo las médiums se posesionaban. Se lamenta una vez más de no tener el don de la visión. Las médiums veían cosas horribles, dice. Y lo desintegraban por medio de los blanquillos.  

Entonces suelta algo que nunca esperé escuchar:

-Yo tengo fotos de ella.

-¿De quién? –pregunto con el corazón paralizado.

-De doña María Regina.

Acto seguido, entra a su casa. Se escuchan reclamos de sus familiares. Al parecer Regina es un tema delicado. A los dos minutos sale con un sobre. De él saca varias fotografías ajadas.

-Se me mojaron cuando el huracán Gilberto –se disculpa-. Todos estos que ve acá iban con ella.

En la imagen se ve a una señora de unos cuarenta y tantos años. Robusta. Ojos claros. El cabello suelto. Enfundada en un vestido rosa. Una señora que en apariencia dista ser una líder espiritual.

Una a una doña Kandra nos va mostrando las fotos. O lo que queda de ellas. 

-Oiga, ¿y ahora por qué se ocuparon tan tarde que ella no vive? –me reprocha.


* * *

           
Los testimonios de El Arca están plagados de fechas inexactas. Unos dicen que comenzó a mediados de los setentas y que finalizó con el arresto de Regina en el año 84, otros aseguran que fue en el 89. Y para colmo de males, nadie tiene testimonio fotográfico. Lo único que puede darle validez a la historia es la prensa. Me enclaustro en la hemeroteca de la ciudad con Etienne, hermano de Lalo. Pasamos infinidad de horas respirando los hongos impregnados en los papeles viejos que custodia el Archivo General del Estado solo para darnos cuenta que a pesar de la relevante noticia estamos buscando una aguja en un pajar. Sin la fecha exacta nos tomará semanas revisar todos los periódicos de los años setentas y ochentas.

Entonces ocurre un último golpe de suerte. En un restaurante me topo por casualidad con un viejo amigo. El maestro Pino. Profesor de literatura en la Universidad Autónoma de Campeche.

-¿Y ese milagro? –me saluda.

Le platico que regresé unos días a Campeche porque me encargaron hacer un reportaje sobre El Arca de Regina. Los ojos del maestro, de la sorpresa, parecen salir de sus cuencas.

-No me lo vas a creer –dice tomándose una pausa teatral-, yo hice el primer reportaje de Regina.


* * *


Quedo en verme con el maestro Pino a primera hora de la mañana en su oficina. En medio de tres secretarias, constantes llamadas telefónicas, interrupciones cada dos minutos, el maestro tiene la gentileza de hacerse un tiempo en su trabajo para concederme la entrevista.

-La casa, lo que yo recuerdo, era como un templo con bancas. Era…

-¿En qué año hiciste el reportaje? –lo interrumpo desesperado, pensando en no pasar una hora más de mi vida contaminando mis pulmones en la hemeroteca.

-Ahora te voy a decir con toda precisión… –el maestro Pino se frota la frente- en el año 81. Estaba yo en tercero de preparatoria.

En una hoja dibuja un mapa con El Arca. Pone unas rayitas alrededor de la barca. Me dice que la señora había vendido pedazos alrededor de ella. Que los de afuera eran los que aportaban la mano de obra. Vivían ahí. Eran familias. En condiciones infrahumanas. Vivían de 10 en 10. Las separaciones eran de lámina. Techos de cartón. Que para ser apóstol (me aclara que eran 12 mujeres) tenías que pagar, luego entonces había una relación de poder, de dinero, con salvación. Los de adentro que eran lo que aportaban el dinero eran los que iluminaban a los de afuera.

Le comento que vi una pelota de concreto en El Arca. El maestro me dice que la recuerda, que estaba pintada del color de la tierra. Regina le platicó que cuando el agua llegara a los cimientos, estos se iban a remover, entonces El Arca iba a flotar.

-¿Y la pelota? –insisto.

Me explica que la pelota supuestamente estaba tocada por una fuerza divina y en el momento que se moviera dentro del barco iba a ser la dirección que debían tomar, iba a ser la guía de salvación, pero esta pelota además iba a ser arrojada en el lugar donde ellos iban a bajar para mantener la vida en el Planeta Tierra. Me dice que Regina estaba convencida del fin del mundo. Y la gente que estaba allá, también.

-Hay muchas cosas misteriosas que tienen cierta lógica –se frota la barbilla el maestro-, no sé si hayan sido cosas razonadas por parte de ella al calor de la religión, de su propia certeza de que las cosas iban a ocurrir así, de su propia versión de existencia y de vida, entonces esto es maravilloso. Claro, era tanto el impacto de esto que la gente se enloqueció, El Arca ya no era suficiente para tantas personas.

Le pregunto cómo es que siendo tan joven fue él la primera persona en hacer un reportaje de semejante envergadura. Su respuesta es simple. Lo invitó  José Luis Llovera a trabajar en el Diario de Campeche, y aceptó. Su primer trabajo fue visitar El Arca. Y quedó tan fascinado con el personaje de Regina que se olvidó del tiempo, en el periódico se preocuparon al ver que no regresaba y llamaron a la policía para que fueran a rescatarlo.

Cuando salió el reportaje se convirtió en una bola de nieve, me cuenta, todo Campeche puso sus ojos en El Arca. Peregrinaciones venían de Champotón, de Tenabo, para ver qué pasaba con esto, y cuando yo regresé el viernes, al quinto día, el lugar estaba totalmente poblado, ya no cabía la gente ahí, gente convencida que en efecto iba a suceder el fin del mundo, y que se iban a salvar a través de esta Arca. 

-Salió hasta en la televisión nacional, todo mundo estaba enfocado en Campeche, jamás se había construido un Arca, ¿te imaginas el pinche impacto?

-¿Tomaste fotos?

-El fotógrafo del periódico. Ya se murió, creo. Era de Yucatán. Se publicaron algunas. Luego que salió el reportaje los que vivían en El Arca hicieron una barrera humana y no dejaban pasar a nadie. Entonces las fotos las tomaban por arriba. El Novedades, El Tribuna, El Diario de Campeche. Y los periódicos regionales y nacionales que vinieron. Vino la televisión. Vino Televisa.

Por enésima ocasión en la mañana el maestro Pino es requerido por una de las secretarias y tiene que abandonar la oficina. Antes de hacerlo me entrega unas fotocopias de un libro titulado “Talleres”, del año 1990, publicado por el INBA y la Casa de la Cultura de Campeche. Son 7 páginas de un fantástico cuento titulado “Estas manos así como las ve”, basado en su primer reportaje sobre El Arca de Regina.

-¿En verdad existió el cártel que relatas en tu cuento?

-Claro, estaba ahí. “Si tu Dios está muerto prueba el mío”.

-Y la parte del cuento donde narras que el padre de Regina se acostaba con su madre frente a ella… ¿eso fue verdad?

-Sí, ella me dio a entender todo eso, fue muy obvia conmigo.

-¿Y la parte del hermano con ella?

-Había un incesto ahí.

-¿Desde los 7 años comenzó a tener la visiones?

-Sí.

-¿En que año escribiste el cuento?

-En el 84. Lo hice antes de los talleres literarios. El reportaje lo llevé a la literatura. Te quiero comentar que he buscado el periódico donde publiqué el reportaje y no lo he encontrado. Está perdido. Busqué en las hemerotecas y nada.


* * *


Última parada. La hemeroteca de la Universidad. El maestro Pino tiene razón. No queda rastro de su reportaje. En los archivos increíblemente no tienen los periódicos del extinto Diario de Campeche. P, Lalo, Etienne y otros amigos campechanos nos repartimos la búsqueda del año 81 en otros periódicos.

-No hay nada –mascullo entre dientes cerrando el libro del mes de diciembre.

-En media hora cerramos –informa el guardia de la hemeroteca.

Nos repartimos entre todos el año 82. Me toca el libro del mes de Mayo. Nada más muevo la tapa, con la certeza de que El Arca fue una fantasía, una leyenda urbana de los habitantes de Campeche, cuando me sorprende una pequeña foto de Regina. La reconozco gracias a las fotos que nos había enseñado doña Kandra.

-¡Aquí está! –grito como una colegiala.

En la imagen se ve a Regina con la mirada desorbitada, de una lunática. Un vestido floreado. El rostro un poco ajado. “El fin del mundo cerca” es el título de un artículo. “El 25 de febrero de 1983 se acabará el mundo”, dice la primera línea. Todos los reportajes ocurrieron en Mayo. “Continúa la construcción de la nave del olvido; la dirige María Regina”, dice otro encabezado. “No acepta la Iglesia nada de lo que dice Ma. Regina”. También aparecen los encabezados de su captura. “María Regina, en la prisión”. “Formal denuncia en contra de María Regina en la DAP por ‘allanamiento demorada’”. Incluso Mario Herrera Tercer y su compañía montaron una obra cómica en su honor: “El Arca de Regina (la quema huevos)”. Y finalmente lo que tanto estábamos buscando. Una fotografía que saque de todas las dudas a los incrédulos.

Por desgracia, tal como ocurre cuando se muestra evidencia extraterrestre o del Jeti o del Monstruo del lago Ness, la foto de El Arca está borrosa. Pero no tanto como para no ver que se trata de una inmensa barca de madera a medio construir. “LA CONSTRUCCIÓN de la ‘Nave del olvido’ continua como puede apreciarse en la gráfica. Al interior del lugar no se permite la entrada de desconocidos”, leemos todos en derredor del periódico.


5 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy buena nota.
Lo único, que no se ven las imágenes.
Saludos desde Bs As
Ah, escribe mas seguido pues.

Rodrigo Solís dijo...

Hola, qué extraño, aquí en la oficina sí se ven las imagenes, entra a mi face, ahí subí todas las fotos del reportaje

https://www.facebook.com/media/set/?set=a.10151916566190175.891458.636020174&type=3

Abrazo fuerte.

Kutzi Montserrat dijo...

Agh! Qué buena historia. No pude dejar de leer hasta el final, y me quedé con hambre de más!! Tiene intriga... está excelente!! ¿Has pensado en hacer un guión cinematográfico? Estaría genial ver esta historia convertida en película algún día. Considéralo. KHG

Rodrigo Solís dijo...

Hola Kutzi, si todo sale bien, hay cierto actor nominado a un Oscar que le podría interesar.
Abrazo fuerte, me alegra que te haya gustado.

Anónimo dijo...

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