jueves, 18 de noviembre de 2010

Editoriales



1


De buenas a primeras, Selva ha dejado de dirigirme la palabra. Su habitual semblante risueño, sus bailes espontáneos, su meneo de culo enloquecido cesaron. Su nueva postura es mirarme de reojo, cruzarse de brazos y fruncir el ceño cada que le pregunto qué coño le pasa.

More...Su extraño comportamiento es la cereza del pastel a una semana negra, de tropiezos, de una avalancha de rechazos literarios.


2


Si eres nuevo en el oficio de la escritura, a continuación te daré unos útiles consejos antes de que te veas en la penosa posición de experimentar en carne propia el fracaso.

Lo difícil no es terminar de escribir tu primera novela, lo titánico es lograr que la lean, ya sea amigos, familiares o editoriales. En un principio, amigos y familiares te animarán para que termines de una vez por todas de escribir tus crónicas enloquecidas, irrelevantes, pero una vez que las plasmes en papel, todos y cada uno de ellos se desentenderán para no perder su tiempo en tus dislates creativos.

Si bien te va, los amigos misericordiosos te dirán que han tenido una semana ocupadísima en el trabajo, que ya la leerán y harán sus anotaciones pertinentes a tu novela. Si mal te va, los amigos sinceros te dirán que mejor te dediques a otro oficio. Y finalmente, si tienes suerte, los amigos mentirosos, escapistas, dirán que van a la mitad de la novela, que les está gustando mucho, pero por el momento tienen muchos pendientes y apenas encuentren unos minutos disponibles en su ocupadísima agenda retomarán el hilo de tu novela para darte una opinión más objetiva del asunto, aunque la cruda y triste realidad sea que tu manuscrito o archivo se ha empolvado en un estante o extraviado o borrado en la memoria del disco duro de sus computadoras.


3


Cada minuto que pasa, Selva se desespera más y más. Nunca la había visto tan resentida, tan enojada. Incluso se reserva para sí misma, mascullando entre dientes, sus comentarios hirientes, lacerantes, despectivos, hacia Snooki y The Situation, basuras humanas que protagonizan un show llamado Jersey Shore que no se pierde por nada de este mundo, al igual que una retahíla de programuchos insufribles que mira con gozoso placer culpable frente a la televisión.

Decido escapar del ambiente enrarecido que reina en la habitación (enrarecido un poco por la tensión y un mucho por las bombas lacrimógenas que Selva no tiene empacho en soltar a diestra y siniestra empinando las nalgas). Con lo ojos llorosos le digo que voy a la computadora a revisar mi correo electrónico. Selva se revuelve en la cama, aprieta los puños, cierra los ojos intentando mandarme un misil teledirigido mientras masculla entre dientes sabrá dios qué.


4


La última vez que abrí un archivo de Excel fue hace más de siete años, cuando tenía un trabajo decente en un corporativo transnacional que tanto enorgullecía a mamá, celdas que me servían para almacenar y dividir a todos los clientes y clientes potenciales de la refresquera; ahora, esas mismas celdas me sirven para anotar todas las editoriales que he descubierto navegando por Internet, porque a decir verdad, antes de mi exhaustiva investigación, no pasaba de conocer una decena de ellas, que en realidad se transformaron en solo 3 editoriales porque una editorial resultó ser un corporativo inmenso que abarca el 80% de los sellos que creía eran editoriales independientes.

La primera acción fue dividir a las editoriales según su grado de importancia en el mercado, o sea, según su poderío económico y/o nivel de distribución. Si hiciéramos una analogía con clubes de fútbol, diríamos que Planeta es el Real Madrid, Random House Mondadori el AC Milán, Alfaguara el Manchester United, Anagrama el FC Barcelona, Ediciones B el Bayern München, etcétera.

Como buen novato, mi sueño es pertenecer a las grandes ligas, por eso le he hecho llegar el manuscrito de mi primera novela a estos monstruos editoriales a sabiendas que seré rechazado y/o jamás leído por el comité de lectura de manuscritos. Mismo manuscrito que mi sentido común me ha dictado enviarle a las editoriales de segunda, tercera y cuarta división, pues bien podrían ser el trampolín para en un futuro dar el salto a la élite, al caminar con el pecho gallardo por delante en las alfombras rojas de las ferias internacionales de libros donde se pavonean y comen a besos el culo los intelectuales best-sellers.


5


-¿Tienes algo que decirme? –dice Selva mirándome de reojo, rompiendo el silencio de diez minutos que llevamos desde que nos subimos al coche.

-¿Decirte qué? –digo por decir algo, ganando tiempo para pensar qué he hecho, qué error o despiste he cometido.

-¿Así que no me lo dirás?

-¿Decirte qué?

Selva vuelve a cruzarse de brazos, hace un puchero, los ojos se le empañan.

-No puedo creer que no me tengas confianza –dice.

-¡Claro que te tengo confianza! –digo.

-Pensé que éramos un equipo.

-Somos un equipo.

Con el rostro desencajado, la mirada perdida en la calle, Selva parece querer ordenar las ideas en su mente.

-¿Por qué me mientes? –dice.

-Jamás te he mentido –me defiendo y en mi mente intento adivinar su siguiente pregunta para bloquearla y/o contraatacar con alguna nueva mentira.

-¿Ah, no?

-No.

-¿Crees que no leí el mail donde rechazaban tu novela?

Indignado, abro la boca como una enorme O, no dando crédito a que Selva haya revisado mi correo a mis espaldas.


6


Un consejo muy útil si eres un escritor en vías de o rogando publicación, es el de jamás revisar tu correo electrónico cuando tu novia esté merodeando los alrededores. Tal cual fue mi caso.

Selva apareció en mi habitación de trabajo y para no parecer alterado por el mail que brillaba en la pantalla de mi laptop, fingí naturalidad, soltura, desparpajo, como quien descubre a su mamá en el rellano de la puerta justo cuando está viendo pornografía y desliza el mouse con sigilo, con un movimiento imperceptible de muñeca dando clic a una nueva ventana que oculta el crimen.

-¿Estás bien? –dijo Selva.

-Todo bien –sonreí nervioso, a sabiendas que nada estaba bien, de lo contrario Selva jamás hubiera preguntado si me encontraba bien, con lo cual dejé en evidencia que mi naturalidad, soltura y desparpajo no fueron del todo bien caracterizados.

-¿Seguro? –insistió Selva aproximándose hacia donde me encontraba sentado.

-Seguro –mentí mirando de reojo el monitor para asegurarme que en pantalla estuviera un archivo de Word con un capítulo de mi nueva novela, en el que llevo más de una semana sin poder terminar.

Entonces los brazos de Selva me rodearon el cuello, su mata de pelo castaño me cubrió los anteojos, su aliento invadió mi boca, sus muslos rozaron mis costillas, sus nalgas se posaron en mi pelvis, mis manos desabotonaron su blusa, sus manos me sacaron la playera de encima, mi cara se hundió en sus gloriosos e inmensos pechos, su lengua invadió mi oído, la silla crujió, rechinó sobre el suelo, se balanceó en dos patas, trastabilló, giró, Selva de un tirón me sacó los pantalones y con un movimiento vibratorio de cadera al estilo perreo de los videos de reggaetón su tanga se deslizó por debajo de su faldita de mezclilla.


7


-No puedo creer que hayas revisado mi mail mientras…

-Ay, ya –Selva me interrumpe- deja de quejarte como una nena y acepta que me mentiste.

Indignado detengo el coche.

-Nunca te mentí.

-¿Ah, no? –Selva abre los ojos enormes, ahora es ella la indignada.

-No te mentí, te oculté, cosa muy diferente, que habían rechazado mi novela.

-¡Mentir y ocultar es lo mismo! –explota Selva.

Discutimos acaloradamente durante una hora sin poder definir si ocultar un hecho verídico entra dentro del rango de mentira. Cada quien da su argumento, la contraparte lo rechaza en el acto dando nuevos y virulentos argumentos que desembocan en una discusión que parece no tener fin.


8


Algo difícil de creer y que debe ser del conocimiento de todo joven escritor con aspiraciones de publicar un libro, es que las editoriales, sean de cuarta, tercera, segunda o premier league, están saturadas de manuscritos. Véase los siguientes ejemplos prácticos que le ahorrarán tiempo y esfuerzo:

Editorial de cuarta división:

“Lamentablemente amigo escritor no nos la mande, no podemos publicar nada por el momento.”

Editorial de tercera división:

“Dada la carga editorial que tenemos, por el momento no estamos recibiendo manuscritos. Espero que encuentres una editorial para tu obra. Saludos cordiales.”

Editorial de segunda división:

“En estos momentos no publicamos narrativa hasta dentro de dos años ya que tenemos cerrados nuestros planes editoriales debido a la gran cantidad de originales contratados y pendientes de publicación. Saludos cordiales.”

Editorial de primera división:

“Gracias por contactarnos para hacer llegar su propuesta de publicación. Sentimos comunicarle que nuestra programación editorial está cerrada y que, debido a la saturación actual, no podemos hacer frente a todos los proyectos que se nos presentan. Deseándole la mejor suerte en sus futuras gestiones editoriales, reciba un cordial saludo. Departamento editorial.”

Y para finalizar, un último consejo: si eres un escritor egocéntrico que en su afiebrada mente tiene la disparada idea de superar en ventas a la saga Millenium de Stieg Larsson con su primera novela, evítale perder el tiempo a las editoriales que sí aceptan y se toman la molestia de leer los manuscritos de obras inéditas.

“Nuestro comité editorial leyó tu novela y aunque hubo quienes nos entusiasmamos con las innegables virtudes de tu propuesta, no obtuvo la cantidad necesaria de votos y decidimos no publicarla. Recibe un saludo muy cordial, Director literario.”


9


Estaciono el coche en casa de Selva. Noto que está más calmada. Incluso se anima a darme un beso en la mejilla.

-¿Prometes que nunca más me volverás a mentir? –dice.

-Ya te dije que nunca te mentí –digo.

-Cállate y promételo.

-Lo prometo.

-¿Era grande o chica la editorial que te rechazó?

-…

Selva pierde el semblante de dulzura.

-¿Grande o chica?

-…

-¿Al menos puedes ponerlo en tus estúpidos términos futboleros?

-Okey.

Selva arquea una ceja. Para contener la emoción se muerde un labio.

-¿Real Madrid? ¿Barcelona?

-Menos.

-Menos qué, no sé un carajo de fútbol, dime un equipo.

-¿Conoces a los Corsarios de Campeche?

Selva pega un grito. Da un portazo a la puerta del coche. Luego revienta la puerta de su casa. Se encienden las luces dentro de la casa. Acelero a toda velocidad para que no me vean sus papás y me pierdo en la espesura de la noche.


miércoles, 10 de noviembre de 2010

Resistir, ya no es una opción


“Cuando era chico, un amigo de mi padre me dijo: El secreto de vivir es resistir.”
- Jaime Bayly (
Caminar sobre fuego)


1


Jamás había visto a una mujer tan segura de estar enamorada como Selva. Ni tampoco había visto antes en los ojos de una mujer tanta seguridad de abandonarme.

More...-No has escrito un carajo de la novela –me dice Selva; veo mi reflejo en sus ojos cafés- ¿Se puede saber qué has hecho estas últimas semanas?

Trago saliva.

Una maraña de ideas se revuelven, entremezclándose arrevesadas en mi cabeza.

-Me caga que siempre te quedes callado.

Los ojos de Selva se empañan. Mi reflejo se distorsiona como la cara de la Abeja Maya cada que se veía en un charco y sus lagrimones deformaban su rostro en el espejo de agua.


2


Sentado en un pupitre en el colegio de los Legionarios de Cristo, a muy temprana edad descubrí que la única virtud o atributo con el que fui bendecido fue el sentido común. Fingí e hice oídos sordos a todas las palabras de los sacerdotes y misses que me decían que a la vida se había venido a sufrir, y que solo sufriendo podía accederse al Reino de los Cielos, donde, ahí sí, valía divertirse y ser feliz como si se estuviese en Disneylandia.

Durante poco más de un lustro fui un soldado de la guardia real inglesa. No parpadeaba, no respiraba, no transpiraba ni una sola emoción. No en balde, cada año era condecorado con la medalla al primer lugar en conducta, logrando así engañar, sortear, burlar a los padres y misses de esa escuela que era una cárcel para mí. Una condena que purgué en silencio. Día a día. Mes a Mes. Año tras año. Era una estatua de marfil que maquinaba en su interior su escape, esperando paciente el momento en que no volvería más a esos muros de concreto.

Y la historia se repitió con el paso del tiempo en otros muros (ya sea eclesiásticos, laicos, gubernamentales o privados). Fingiendo operar y convivir con las demás personas que me rodeaban como si fuera uno de los suyos, los estándares y manuales establecidos. Hasta que un día dejé de engañarme y rompí el silencio. Brinqué el muro. El sentido común me advirtió que no hay ningún Reino arriba de las nubes ni debajo de la tierra. Vida solo hay una. Y esa vida más me valía aprovecharla (o desperdiciarla a los ojos de mis seres queridos) haciendo lo que menos mal sabía hacer, y por ende, menos infeliz me hacía.


3


En el supermercado hay dos tipos de clientes, los que consumen basura y los que no. Para mi mala fortuna (o decisión propia), pertenezco al innoble primer grupo.

-Doscientos gramos de pastel pimiento, por favor –le digo a la mujer obesa y enana del departamento de carnicería.

-¿Sabes de qué está hecho el jamón pimiento? –dice Selva.

En mi mente transitan imágenes de vísceras, pezuñas, ojos, dientes, colchonetas podridas, camisetas sudadas, trusas piteadas, mandiles ensangrentados y uno que otro pedazo de carne de alguna especie no identificada comprimidas en un enorme molino oxidado.

Camino por los pasillos y me detengo en los estantes, sorprendido al descubrir que el supermercado tiene marcas propias de todos los productos imaginados.

-Por favor no, cómprate un shampoo de verdad –dice Selva arrebatándome de las manos un shampoo de dos litros que cuesta 12 pesos-. Por eso te estás quedando calvo.

Ignoro su comentario. Agarro otra botella de shampoo de 12 pesos y una bolsa con una decena rastrillos de rasurar a 20 pesos (so pena de agregar nuevas cicatrices a mi cara).

-Prefiero comer a tener pelo –me defiendo.

Selva pone los brazos en jarras, tuerce la boca, entrecierra los ojos y observa como voy llenando de chucherías el carrito.

-¿Llamas a esto comida?

Selva saca una caja azul del carrito y me la restriega en la cara.

-¿“Fórmula láctea”? –dice-. Esto ni siquiera es leche.

Vuelvo a ignorarla. Imposible resistirme a la promoción: “lleva 3 cajas y el precio es de 6 pesos cada una”.


4


He perdido la cuenta de los años que llevo atrincherado. Capoteando la realidad. Esquivando tiros de muerte. Siendo un miserable, egoísta y feliz. Pidiendo asilo. Robando aire. Protegido de la cruel intemperie y feroz hambruna. Afilando navajas. Dando voz a los que no la tienen o temen tenerla. Diciendo lo que sería más prudente callar, o mejor dicho, ventilando cosas que a nadie le interesa saber. Malabareando, caminando sobre una cuerda floja, jugando al trapecista suicida.


5


En mitad de su faena en la cocina, Selva me mira de reojo, inquieta, suspira, resiste hasta donde le es humanamente posible, hasta que suelta un bufido y dice:

-¿Ya mandó tu novela el gordo de tu amigo?

Le explico que sí. Que mi amigo famoso tuvo la gentileza de imprimir, encuadernar, meter en un sobre y enviar el mamotreto insufrible que es mi primera novela a un par de editoriales translaciones donde tiene amigos que la leerán y dictaminarán para ver si es factible su milagrosa publicación. Lo que no digo es que mi amigo, por motivos que ignoro, me dijo que tiene mucha curiosidad de leerla también, por ello, se hizo una copia de la novela para leerla el fin de semana, lo cual me causó pánico y una vergüenza inenarrable.

Claro que de todo esto ha pasado ya hace más de un mes, casi dos.

-Dirás lo que quieras de tu amigo, pero seguro que no ha movido un dedo –dice Selva apuntándome con un trinchante-. No confío en los gordos.

Le digo que se calme. Que no llame gordo a mi amigo. Y que si a esas vamos, terminará desconfiando de todo el mundo que la rodea, pues el 90% de mis amigos son gordos.

-Pues esto opino de tus amigos gordos –dice Selva levantando el dedo índice de la mano, ladeando la cadera, poniendo mecos los pies, empinando las nalgas, grotesco ritual que finaliza con sus muy famosas bombas de gas lacrimógeno despinta paredes; arsenal fétido que muy inteligentemente tuvo a buen recaudo mantener ocultos los primeros meses de nuestra relación.

-¡Qué asco! –grito y salgo disparado de la cocina para salvar la vida.

Refugiado en el rellano de la escalera, veo pasar corriendo a Selva, escaleras arriba.

-¡Me cagué! –grita, bañada en lágrimas.


6


Antes de conocer a Selva, cada día que pasaba era un pequeño triunfo personal. Vivir la vida de cigarra, sin pensar en las consecuencias o en el desenlace trágico que tarde o temprano me devoraría. Entonces apareció esta misteriosa mujer salida de un afiche de taller mecánico, de risa imposible, de belleza indescifrable; un volcán en erupción a todas horas, que de buenas a primeras decidió suicidarse socialmente eligiendo al peor partido posible.


7


Selva jamás me ha echado nada en cara y esta vez no fue la excepción. Silenciosa, con dos kilos menos encima, se ha metido a la cama, pálida, con temblores en todo el cuerpo.

Le sugiero que no es una buena idea que siga comiendo mi comida.

La abrazo y le digo que apenas me paguen mi beca del FONCA voy a comprar comida de humanos. Voy a invitarla a restaurantes y a invitarla de viaje. A regalarle por navidad el BlackBerry que más le guste. Y una serie de promesas difíciles (por no decir imposibles) de cumplir a menos que mi beca fuera la Beca Guggenheim, o sea, la beca para escritores con talento de verdad.

-Oye… –Selva se me queda mirando- ¿verdad que vas a rescatarme?

Ha empezado a delirar, pienso. Le palpo la frente hirviendo, ardiendo en calentura.

-¿Verdad que vas a rescatarme? –en la mirada de Selva no hay ápice de delirio alguno.

Trago saliva.

Una nueva maraña de ideas se revuelven, entremezclándose arrevesadas en mi cabeza.

-Me caga que siempre te quedes callado.

miércoles, 27 de octubre de 2010

El último


Dudo tener la capacidad de transmitirte la fuerza que necesitas en estos momentos, pero haré mi mejor intento; como en cada uno de los
relatos que te dediqué en los últimos dos años. Este será el último que leerás disfrazada con la piel de una Reina de Belleza.


More...1


Mamá inflamó el pecho orgullosa.

P sacó la cámara.

-Actitud pandilleril, preciosa –dijo.

Bicho retorció sus larguísimas extremidades superiores, encorvó la espalda, flexionó las rodillas, torció la boca y frunció el ceño como un ruda negrata del Bronx.

Clic.

-¡Otra Bichito! ¡Otra! –exigió P emocionado-. Ahora más pandilleril, como cuando eras niña.

-¡Ana del Socorro! –dijo mamá ofuscada-. Nada de fotos. Ahora eres Nuestra Belleza Yucatán. Compórtate.

Bicho sonrió. Una sonrisa enorme.

-Foto, foto –dijo P apuntando con la cámara-. Foto de Miss.

Bicho enderezó la columna vertebral, puso los brazos en jarras, las manos apoyadas en la cintura ligeramente ladeada, estiró el cuello como un cisne inmaculado, y para mi sorpresa descubrí que por primera vez en su vida era más alta que yo.

-Rodrigo, quítate –ordenó mamá.

Clic.


2


Caí dormido. Al instante, tuve una horrible pesadilla: Bicho era coronada Nuestra Belleza México. El público gritaba eufórico. Mamá gritaba eufórica. Incluso yo gritaba eufórico. Cientos de fotógrafos también eufóricos la retrataban mil y un veces desde todos los ángulos y posiciones imaginables. El auditorio entero coreaba su nombre. Endiosados. Todos corrían hacia el escenario y empezaban a tocarla. A palpar su belleza. La acariciaban. La besaban. Pero no era suficiente. El público necesita más. Un fanático hambriento se aventuró a darle un mordisco en el brazo. Quería probarla. Saber a qué sabía la belleza. Saborearla. Y otro, y luego otro. Todos se abalanzaron sobre Bicho y la devoraron hasta el último hueso como a Jean-Baptiste Grenouille al final de El perfume.


3


En un principio me resistí a entrar al salón, pero Bicho insistió en que debía estar presente en la firma del contrato que la acreditaba oficialmente como Nuestra Belleza Mundo México.

-¿Segura que puede entrar tu hermano? –dijo mamá, insegura, pero con muchas ganas de que Lupita Jones me cerrara las puertas en las narices.

-Faltaba más –dijo Bicho, tirando de mi brazo para meterme a la sala-, es como mi papá.

Sus palabras fueron un gancho al hígado, me doblaron las piernas. Mi único consejo desde siempre había sido el que mi hermana desistiera de ser una Reina de Belleza, convencerla de que la belleza era efímera y lo único seguro, lo que en verdad prevalecía, era la inteligencia, que los concursos de belleza no eran muy distintos de las ferias ganaderas donde se exponían y calificaban a las reses. Valiente hermano. Menudo guía espiritual. No en balde días antes del concurso mamá no dudó en declarar en una entrevista exclusiva al periódico del que me corrieron de su sección editorial por falta de talento y/o porque nadie me leía, que yo no apoyaba a mi hermana. Incluso mamá prefirió salir retratada con el perro de la casa que conmigo.

-Te quiero mucho –me dijo Bicho y firmó el contrato.

Al verla firmar el contrato recordé años no muy lejanos. Bicho parada todos los fines de semana ante coches último modelo y/o cualquier producto recién salido al mercado, sonriente, los pies llenos de callos, ampollas, hinchados, amoratados, sangrantes. Bicho parada entre semana en conferencias, ferias ganaderas, expos, convenciones, centros comerciales, con la misma ancha sonrisa, estoica, soportando miradas lujuriosas y proposiciones tanto de viejos rabo verde como de jovencitos metrosexuales calenturientos. Bicho quemándose las pestañas delante de libros de biología, venciendo el sueño luego de extenuantes horas de trabajo, de ser un maniquí humano tras los aparadores de tiendas modernas, decidida a ser el mejor promedio del salón de clase. Bicho sudando sangre en el gimnasio, comiendo vegetales. Bicho capoteando con elegancia de torero a cierto proxeneta dueño de una agencia de modelos que se atrevió a sugerirle que acompañara a cenar a hombres de dinero a hoteles lujosos de la ciudad. Bicho con los ojos hinchados, enrojecidos, hablando noches enteras sin obtener respuesta de ese señor que le decía “mi princesita” y un día cayó fulminado por un derrame cerebral. Bicho sonriendo e hipnotizando al director de la universidad semestre tras semestre para que la mantuvieran becada en esa escuela impagable donde mantenía las notas más altas. Bicho aferrada, constante e infatigable en sus clases de teatro. Bicho yendo de pasarela en pasarela sin cobrar un quinto. Bicho perfeccionando su inglés en la madrugada. Bicho durmiendo sobre las tapas de los libros de mis autores favoritos, rendida, exhausta.


4


-No quiero morirme –dijo sollozando, tiritando de miedo. Tres palabras que hasta la fecha no he olvidado.

Meses antes de esa confesión, ocurrió algo. Un evento que, como era de esperarse, toda la familia me ocultó. Metieron a Bicho a un quirófano para sacarle grasa. Grasa incómoda, horrenda, asquerosa, acumulada año tras año por comer deliciosas golosinas que robaba furtivamente de la alacena, frituras crujientes que llenaban de felicidad sus días de niña, pero que sin embargo al comerlas mamá se encargaba de hacerla sentir culpable, como si de un delito imperdonable se tratara, del mismo modo en que su papá la hacía sentir una vaca rolliza frente a sus amigas, avergonzándola, humillándola cada que osaba comer de más.

En esta ocasión, cosa que agradezco profundamente, Bicho ha tenido la delicadeza de informarme que entrará de nuevo al quirófano. Cosa de nada, le han dicho. Gajes del oficio. Reafirmaciones, reacomodos estéticos. ¿Y luego qué? Me pregunto. ¿Acaso será tan tonta para tropezar con la misma piedra? ¿No se ha detenido a pensar que luego de corregir esas “imperfecciones” surgirán otras, y luego otras, y muchas más hasta que se mire en el espejo y de ella no encuentre más nada que un nebuloso recuerdo de la hermosa niña de carne y hueso que un día fue detrás de ese Frankenstein de silicona superestrella de revista de cotilleo?


5


-Acaba de hablar furioso tu hermano –me dijo mamá por celular-. Me dijo que un amigo suyo acaba de ver publicado en Internet una cosa horrible que escribiste de tu hermanita –mamá guardó silencio, luego, me pareció escucharla sollozar-, ¿qué escribiste ahora, hijito?

-Nada –mentí.

-Gracias a Dios no sé usar la computadora, pero tu hermano me dijo que está furioso, que tiene ganas de golpearte –dijo mamá, ahora sí entrecortando la voz con lágrimas-. Me dijo que hiciste del dominio público que tu hermanita era bulímica y que se operó la panza hace unos años.

-Sí, eso escribí –dije bastante sorprendido-, pero no era mi intención que…

-¡Dios mío! ¡No te das cuenta de que le pueden quitar su corona! –mamá estalló en llanto y no entendí ni una sola palabra más de las que balbuceó.

Colgué. Fui a la computadora y en mi bandeja de entrada vi una retahíla de mails de gente conocida, familiares y desconocidos. Sospeché lo peor. Uno a uno los leí, y salvo honrosas excepciones, la mayoría de ellos me conminaban a rectificar, a escribir una carta donde pidiera disculpas públicas, y de ser posible, que dijera que no soy más el hermano de la soberana de la belleza de México.


6


Los ojos no mienten. O al menos, a mí no me engañan. No tengo que ser adivino para saber lo que allí hay dentro. Luego de un año duro de trabajo (por calificarlo de algún modo), lejos de la familia, de ese chico al que le brillan los ojos de amor y al que ama hasta la médula, lo último que deseaba era seguir distante, a años luz, perdida en una nebulosa de luces brillantes, que le pusieran otra corona en la cabeza, una más pesada y más reluciente, solo significaba alejarse más, como un cometa, ver desaparecer enraizados en Tierra a los seres queridos, lo único que anhelaba era escuchar el nombre de esa isla del Caribe, bajar a ras de suelo y fundirse en un abrazo con su familia y estamparle un beso largo y puro de Reina de Disney al chico de los ojos soñadores que es su Príncipe Azul y que aparecieran de una maldita vez los juegos pirotécnicos y la palabra FIN o Colorín colorado este cuento se ha acabado; pero entonces escuchó el nombre de su país, México, todos la abrazaron y desapareció escoltada por la guardia real Trump.

Y a mi lado, su compañera de guerra, la Reina Amazona, la Diosa Griega, abandonada a su suerte, difamada y expuesta en un mugriento espectacular en Viaducto entronque Iztapalapa, olvidó por un instante la tragedia en que se había convertido su vida, y se le llenaron los ojos de lágrimas de emoción, de orgullo.

-Lo hiciste, Xime –dijo Bicho abrazando a mamá-, lo hiciste.

No soy quien para interrumpir la magia de la escena, así que me mordí la lengua, perdiendo la mirada en la ventana del departamento. Lo hicieron, pensé viendo el corredor oscuro y desierto de la calle Amsterdam.


7


¿Necesitas más pruebas o capítulos de una “novela” para darte cuenta que no eres una Reina de Belleza?

Te envidio. En tus manos tienes una de las mejores historias que debe y pide a gritos ser contada. No en forma de comedia simplona como
Miss Simpatía, aquella protagonizada por Sandra Bullock. Tú sabes a qué historia me refiero. De ahora en adelante, deja el espejo y el rimel; toma pluma y papel y ponte a trabajar. Tienes un compromiso con miles de jovencitas que estúpidamente intentan escalar hacia el Infierno.

Cuando el sábado nos alcance, si te faltan fuerzas para subir al escenario, recuerda que del otro lado del mundo hay alguien que te está esperando con más anhelo que nadie. Ahora mismo, como cada mañana, lo tengo tumbado a mis pies, haciéndome compañía, capítulo tras capítulo de mi nueva novela. Él mejor que ninguno sabe que la belleza te importa un bledo. Ni sus ojos, ni la cicatriz de su espalda mienten.

Pero esa, esa es otra historia que te toca contar a ti. O como mínimo, nunca olvidarla. No olvides al perro. Aquel pitbull enloquecido al que enfrentaste solita, del que apenas escapaste y burlaste con las manos ensangrentadas, sorteando dentelladas, abrazando y protegiendo al perro que espera tu regreso desde aquella noche en que partiste de casa dispuesta a comerte al mundo.



domingo, 17 de octubre de 2010

Orsai, la revista imposible



1


Nada más terrible que encontrar un pastelito, una confitura, una golosina que se amolde a tu paladar, que te llene de alegría, y de buenas a primeras, sin previo aviso, la saquen del mercado para siempre. Uno queda devastado mirando los estantes del supermercado, del estanquillo, de la tiendita de la esquina. Quedamos huérfanos. Desolados. Con un nudo en la garganta. Con ganas de apedrear el carrito repartidor de Marinela o Sabritas, a sabiendas de que toda queja será inútil.

More...Algo parecido me pasó el año pasado con Orsai, mi blog favorito, sitio que tantas alegrías y consuelos me regaló durante los últimos años. Una mañana, para mi horror, dejaron de aparecer escritos actualizados, nuevos, fresquecitos.


2


Un triste año entero con tres mañanas desoladoras tuvieron que pasar para que ocurriera lo impensado. En la pantalla de mi laptop, un escrito inédito de Orsai relucía con la añorada tipografía Georgia número 13.5, informándonos a cientos de fieles lectores desperdigados en diferentes rincones del mundo, que este año para nada fue un año sabático, desperdiciado, todo lo contrario, fueron semanas de silencio, o mejor dicho, una plática de sobremesa donde se buscaba realizar un sueño de toda una vida: dar el gran salto de la red al papel, poniéndose como reto, eso sí, 12 Mandamientos, que de solo recordarlos, se me eriza la piel, tanto o más que a un católico asiduo a misa de domingo cada que realiza un desfalco, miente, engaña a su mujer, morbosea a la hija de su mejor amigo, etcétera, y comulga con los ojos cerrados el cuerpo de Cristo que le pone en la punta de la lengua el sacerdote.


1. No tendrá publicidad, ni subsidios privados o estatales.

2. Tendrá la mejor calidad gráfica del mercado.

3. Prescindirá de todos los intermediarios posibles.

4. Tendrá una versión en papel y otra, dinámica, para
tablets.

5. Escribirán y dibujarán únicamente personas que admiremos mucho.

6. Llegará en menos de siete días a cualquier país del mundo.

7. Será trimestral y tendrá más de doscientas páginas.

8. En cada país costará lo que un libro (gastos de envío incluidos).

9. Contará con un capital inicial de cien mil euros.

10. La plata la ponemos nosotros, porque el sueño es nuestro.

11. Si salvamos la inversión, somos felices.

12. Si no salvamos la inversión, nos chupa un huevo.



3


En mi juventud, equivocada pero feliz, tras leer alguna biografía del Che Guevara, me carcomía el deseo de haber nacido en otra época, cuando el mundo creía de verdad en las ideologías y valía la pena ponerse la botas y salir a la calle a protestar en contra de gobiernos fascistas, o embarcarse en misiones suicidas a una isla.

Entonces, mal que mal, terminó la dictadura perfecta en México, me dediqué a leer literatura de autores nacidos en países del primer mundo, capitalistas, y se me fue pasando la calentura, el ardor, lo rojo de la piel (dato personal: Reinaldo Arenas ayudó un poco). Descubrí que el problema del mundo no es un sistema X o Y, sino nosotros. El individuo. Donde basta un solo imbécil con iniciativa, persuasión, labia o arrojo suicida, para torcer, podrir y llevarse entre las patas a todos.

Sin embargo, confieso que se me quedó clavada una espina. El poder hacer algo por la sociedad. Contribuir con mi granito de arena. Ser la piedrita en el zapato de los sinvergüenzas. El insignificante mosquito capaz de interrumpir el sueño de los poderosos. Ser capaz de dinamitar Televisa o TvAzteca, el cáncer más terrible que padece México. O apedrear la sucursal de cualquier banco, saqueadores de cuello blanco, bandidos de verdad. Quimeras, sueños imposibles, demasiado osados para un cobarde como yo.


4


El desvarío del punto anterior, el número 3, fue solo para decirles que he encontrado la espina clavada que pienso sacarme.

Cito textual a Orsai: “Nuestra obsesión, de ahora en más, es demostrar que no hay crisis editorial ni económica, sino moral. Lo que hay son medios tradicionales que piensan nada más que en el dinero y se cagan en el lector, lo arrinconan y lo vician de mentiras y de engaños. Nuestro antojo es un medio de comunicación humano, honesto, de una transparencia obscena, un medio gráfico que den ganas de recibir por debajo de la puerta, pero ganas en serio. Como recibíamos en los ochentas y los noventas las revistas que nos gustaban. Y que murieron. Todas murieron”.

La odisea, el objetivo titánico de Orsai es hacer un medio sin detenerse a pensar si los auspiciadores pagarán o no la contraportada de la revista. Eliminar intermediarios, traducción: chao, mafias de la distribución. Au revoir, librerías empecinadas en embolsarse el 40% de ganancia sobre el precio del libro.

Orsai promete olvidarse, no preocuparse más de los recortes presupuestarios que padecen las revistas comerciales en épocas de crisis, pues el dinero que financia el proyecto, todito, lo han puesto ellos mismos, de sus bolsillos; plata que hicieron jugando, y no piensan duplicarlo (al menos esa es su idea), porque el objetivo es claro: seguir jugando.


5


¿Tiene sentido que un tipo que escribe tenga que expresarse conforme avance o retroceda la publicidad?, es la pregunta que se plantea Orsai, la pregunta que se ha planteado todo escritor con el mínimo grado de dignidad, pero que sin embargo, escribe porque tiene que comer, viendo sus ideas cortadas por la mitad, acorraladas, flanqueadas por anuncios de bisuterías, refrescos de cola, campañas políticas, etcétera.

Los despidos masivos ocurridos en los últimos años en revistas y periódicos, no nos engañemos, sí o sí, son para abaratar costos, sí o sí, en pensar cada vez menos en los lectores, en nosotros.

“No puede ser posible que cuando las cosas le van muy bien a las empresas tengas que escribir menos –porque entra publicidad- y cuando las cosas le van mal a las empresas tengas que escribir menos –porque le quitan páginas al diario. ¿Qué tiene que pasar, económicamente hablando, para que los lectores leamos en paz (o para que los periodistas escribamos en paz) un texto de mil palabras?”, se pregunta Orsai pateando el tablero.


6


Los chicos de Orsai me recuerdan a esos jóvenes barbados, idealistas, suicidas que se embarcaron un día a guerrear contra el imperio, plantarle cara.

-Pobres ingenuos –me dice mi chica, sabedora de cómo opera mi mente-, cuidadito te pongas en contacto con ellos.

-Solamente les estoy sugiriendo un par de escritores que me gustan mucho, que me gustaría salieran del anonimato –digo con timidez mientras envío un e-mail.

Selva me clava una mirada flamígera.

-Ya están bastante grandecitos para soñar –dice.

Lo sé, mi chica tiene razón. Mis amigos de Orsai son un par de soñadores drogones de mediana edad planeando una utopía literaria: llegar a todos los rincones del mundo sin intermediarios mafiosos y a un precio equitativo, pues según ellos, sostienen la filosofía de que es un error pensar en euros, o en dólares, o en pesos, o en soles cuando existen países con economías diferentes, o sea, lo correcto es encontrar otra unidad monetaria. ¡Una unidad monetaria creada por ellos!

-¡Están locos! –grita mi chica dando un portazo.


7


La nueva moneda se llama PD$ (periódico del sábado). Unidad monetaria creada a raíz de la siguiente pregunta: ¿Cuánto cuesta el periódico de mayor tirada en tu país, los sábados?

El objetivo de Orsai es que cada lector pueda adquirir la revista a un precio final de 15 PD$ (medio mes de periódicos), sin importar dónde vivas, con gastos de envío incluidos.

Esta tabulación monetaria se la explico una hora después a mi chica, ya más calmada; calma que enseguida se rompe.

-Y se puede saber cómo vas a comprar la revista si no tienes ni para comprar quince periódicos cada tres meses –dice-, y ni se diga comprar revistas y libros en general.

Confiado, con aire triunfante, le digo que los chicos de Orsai piensan en el bien común, en la gente menos favorecida por el sistema, en los lectores ávidos de entretenimiento, que por lo general, nunca traemos un peso encima pero nos las ingeniamos para conseguir novias tetonas.

-Habrá un pdf con la revista enterita –digo poniéndome de pie, sacando el pecho, levantando el dedo índice hacia el cielo-, y completamente gratis desde el diez de enero. ¿A poco no hay justicia poética?

-¿Justicia poética? –se rasca la cabeza Selva-. ¿No en diciembre empiezan a pagarte por escribir tu novela?

Asiento con la cabeza, aún con el dedo índice apuntando hacia el cielo cual libertador de algún país del tercer mundo.

-Entonces, la próxima vez que vuelvas a quejarte de Chávez o Fidel, de la Coca-Cola o de Bill Gates –Selva me sujeta del cuello de la camiseta-, te meto un madrazo en la cara.


8


Si eres un soñador de verdad que cree en la justicia poética, o pataleas cada que ves tu ciudad inundada de espectaculares, o mejor aún, si deseas leer una revista con los escritores más divertidos del mundo sin tener que ser distraído por anuncios de colores chillones que intentan seducirte a tirar tu dinero en productos completamente inservibles, o descubrir cómo se las ingeniarán los chicos de Orsai para ingresar a Venezuela y a Cuba (en la isla la revista costará 3 PD$, o sea, 0,06 euros) con escritos y caricaturas que hagan bromas de dictaduras caribeñas, o si eres un librero que al mismo tiempo quiere hacer dinero y hacer felices a sus clientes, o si eres un escritor con talento que quiere ganar 500 euros por escrito y un año de suscripción gratuita a la revista, este es tu momento.

Hernán Casciari, revolucionario literario, renunció a publicar más su columna de los domingos en el diario La Nación, de Argentina, y a su columna de los viernes en El País, de España. También le anunció a Random House Mondadori que renuncia a sacar nuevos libros con la Editorial Sudamericana de Argentina, o con Editorial Grijalbo en México, al igual que con Plaza & Janés de España.

Yo no tengo editorial ni perro que me ladre, pero me subo a su barco, me pongo a sus órdenes si necesitan un grumete que friegue el piso de la cubierta o cepille los retretes, sin esperar nada a cambio, más que mirar con estos cuatro y miopes ojos que una revista finalmente sea un éxito y sobreviva sin recibir publicidad alguna de los emporios capitalistas, y, que también llegue a manos de gente oprimida por dictaduras socialistas.

Es hora de que nos escuchen, llegó el día de sacarse la espina enterrada:

http://orsai.es/blog/

lunes, 11 de octubre de 2010

Twitter



1


Grave error fue acceder a los ruegos de Selva, es decir, dejar que me abriera una cuenta de Twitter. Según ella, el Twitter es el medio perfecto para multiplicar a mis lectores, y por ende, triplicar los comentarios en mis dos blogs donde ya nadie comenta nada, pues los blogs pasaron de moda.

More...-Pero en Twitter solo puedo escribir 140 letras –le explico a mi chica, estatua de marfil erguida en mitad de un pasillo del centro comercial.

-No seas indio –dice Selva mientras teclea algo en su BlackBerry-, en Twitter puedes postear tus escritos.

-¿Y? –me cruzo de brazos, signo ineludible de resistencia al cambio-. ¿Quién va a leerme si no tengo ningún seguidor?

-Tranquilo, yo me encargo de eso –responde muy segura de sí misma, tecleando infatigable el aparatejo que tiene entre manos.

-¿Es necesario hacerlo aquí, en mitad de la plaza? –me quejo, recibiendo empellones de transeúntes que circulan como autómatas con la mirada clavada en sus celulares.

Selva no me responde, sigue concentrada en la pantalla de su BlackBerry; no paso desapercibido que se tomó la libertad de escribir mi primer twit: un insulto feroz donde acusa de zorra a una suculenta presentadora de Telehit por acostarse con su ex novio ex famoso, el primer emo de México.

-Listo –dice regalándome una sonrisa enorme al tiempo que me restriega en la cara su celular.

-Gran cosa, aún no tengo ningún seguidor –aparto la pantalla de mi rostro.

-¿Y yo qué soy? –dice indignada.

-Tú no cuentas –digo ingenuamente y me meto a una librería a hojear la enésima revista donde Larissa Riquelme aparece en pelotas.


2


Si mi proyecto para el FONCA hubiera sido el acosar a los personajes más patéticos de la farándula (entiéndase por ellos: políticos, futbolistas fiesteros adictos a los travestis y artistuchos de telenovelas y programas de variedad), ahora sería el hombre más satisfecho y tranquilo de la faz de la Tierra. Por desgracia, no es así. Me he comprometido a escribir una novela de poco más de 400 páginas, y hasta el día de hoy llevo la grosera cantidad de cero páginas escritas. Traducción: le estoy robando a manos llenas al gobierno, o mejor dicho, a las pocas personas que pagan sus impuestos en este país de evasores fiscales, pobres ingenuos que están subsidiando a un bueno para nada que en vez de escribir una obra maestra se la pasa todo el santo día twitteando, es decir, insultando, retando, difamando, vituperando, provocando, insidiando, sacando de quicio a personas que se sienten muy especiales por el simple hecho de aparecer en la televisión restregándonos todos los días en la cara lo bellos que son y/o las fabulosas vidas que llevan.


3


Esta mañana me he prometido (es la sexta mañana consecutiva que lo hago) comenzar a escribir el primer capítulo de mi novela.

“Vayan a verme al teatro”, dice el actor bipolar ex famoso, alias, el hombre felpa, la alfombra humana, estambre de pelos, actualmente exiliado de las telenovelas gracias a sus constantes arranques de locura.

El actor bipolar ex famoso, agrega una fotografía a su comentario de Twitter. Luego otra. Y otra más. Me vence la curiosidad a mitad del primer párrafo escrito. Abro las fotografías. Todas ellas son imágenes borrosas de juegos pirotécnicos. Me resisto a preguntarle al hombre felpa, alfombra, estambre de pelos, qué lo llevó a subir esas imágenes, pero enseguida me compadezco de él, sé que es un hombre enfermo, medicado, que no debo provocar su ira, uno nunca sabe cómo opera la mente de los locos, además de que seguramente jamás obtendré respuesta de su parte.

“En el concierto de los Black Eyed Peas”, dice el actor bipolar ex famoso.

Vuelvo a abandonar la escritura. Abro el link adjunto al comentario. En pantalla aparece la imagen del hombre felpa, alfombra, estambre de pelos, con mirada enloquecida, homicida, de chiflado perturbado, abrazando a la fuerza al aterrorizado cómico irreverente que se hace pasar por chavo alocado en la televisión, aunque de chavo ya no tiene nada, e incluso en la fotografía puede vérsele la reluciente pelona de hombre de la mediana edad.

La oportunidad es irresistible. No pienso dejarla pasar. Retwitteo el mensaje del actor bipolar ex famoso y agrego la leyenda: “una pareja de idiotas”.

Continúo con la escritura del primer capítulo de mi novela, sin embargo, el actor bipolar ex famoso responde a mi mensaje:

“Tas crudo kbaron, cuanta amargura! Hazte una chaqueta, pendejo, jajajaja”.

Acto seguido, el hombre felpa, alfombra, estambre de pelos, me bloquea de su Twitter sin darme la oportunidad de rebajarme en un duelo de mentadas de madre hasta el infinito.

Pienso: debo ser más astuto, en el futuro me haré pasar por fan de las celebridades, luego, sin previo aviso, herir su ego, decirles cuanto los odio y los desprecio.


4


Es oficial: soy patético. No tengo vida propia. En vez de dedicarme a lo que supuestamente más amo, por lo que tanto recé para que me pagaran, me pica, cosquillea algo en el interior que me hace guerrear sin cuartel las 24 horas del día con los miserables que aparecen en la televisión.

Me enfrasco en la faena de hacer una lista de la gente más patética y a la que más aborrezco. La encabeza, por un margen abultado, de calle, el ex integrante de la banda juvenil que hizo las delicias de la chaviza ochentera en México, alias, el pobre diablo que anuncia detergente de ropa para señoras. El segundo peldaño lo ocupa otro héroe de la niñez mexicana de los años ochenta, alias, el actor desempleado ex Big Brother “VIP” (nótese las comillas) que fingió padecer cáncer en la garganta para que nos apiadáramos de él y no lo corrieran de la casa por ser un pobre infeliz sin talento. Un peldaño más abajo, lo reservo para el charro engominado vestido siempre en trajes de cuero de sadomasoquista, alias, el hombre machísimo que en vez de salir del clóset como Ricky y Tiziano, preña y enamora a cuanta jovencita hermosa se le cruza por enfrente, pero nada más toma dos tragos y se le truena la reversa, se le inunda la canoa.

En cuestión de minutos descubro que la lista es interminable. Son más de quinientos los personajes funestos de la farándula a los que estoy siguiendo, es decir, el 99.9% de las personas que aparecen en televisión. Entonces, el Twitter, que es una maquina con inteligencia superior, me sugiere agregar a una persona más: el dueño de la televisora que tanto odio, el patrón de las luminarias, el titiritero del pueblo mexicano.

“No se pierdan nuestro nuevo show este domingo, donaremos toneladas de comida para los damnificados de Chiapas y Veracruz”, escribe el magnate de las telecomunicaciones.

Pienso: ahora mismo le diré que se meta su programa por donde mejor le quepa, que él es el culpable de que este país sea un hervidero de muertos de hambre, analfabetos y descerebrados.

Me arrojo con furia sobre el teclado, pero al instante, me invade un dejo de lucidez; recuerdo que soy un cobarde de profesión, así que en vez de insultarlo, decido felicitarlo por su honorable labor altruista, ni loco pienso ser otra victima más de su esbirro favorito, el payaso tenebroso que aparece en la televisión amenazando cual sicario a los twitteros que osan suplantar la identidad, agredir verbalmente o pensar diferente de los líderes de opinión de la empresa televisiva más poderosa de Latinoamérica.


5


Selva se ha puesto como meta este mes llegar a los cien mil seguidores, y para ello ha decidido compartir su vida minuto a minuto con todos los argonautas fisgones y morbosos del ciberespacio.

-El Twitter es una guerra constante –dice tomándose una foto empinada sobre una silla-, hay que estar entreteniéndolos, si no, te dejan de seguir.

A juzgar por la empinación de sus nalgas, mentalmente hago una estimación y sospecho que llegará al medio millón de seguidores antes de que acabe el año en curso, claro está, siempre y cuando siga subiendo fotografías donde aparezcan en primer plano los melones con que fue dotada por la sabia naturaleza y/o siga escribiendo lindezas como su último twit: “me puse un sprayazo de perfume ed hardy en el queso para sentirme ruda”.

-¿A qué no sabes quién me esta siguiendo? –me pregunta Selva, Black Berry en mano, contorsionada como acróbata del Circo Chino de Pekín.

Al escuchar el nombre del nuevo acosador, perdón, seguidor, quedo pálido. Selva ha dado el brinco a las grandes ligas. Hollywood. Digamos que su seguidor no es Brad Pitt, pero sí alguien más peligroso. El actor borracho adicto al sexo, alias, el hombre horrible que según los tabloides norteamericanos llevó a una cantina y luego a un motel a Lindsay Lohan cuando la ex estrella infantil puso un pie fuera de la clínica de rehabilitación.

-Me invitó a Los Cabos –dice Selva.


6


Suena inverosímil, pero los pobres diablos también corremos con suerte de vez en cuando. Selva rechazó la invitación del actor hollywoodense borracho adicto al sexo, siendo esta la segunda ocasión que no se deja seducir por un famoso que le gusta. Sin embargo, no nos engañemos, en la vida nada es gratis, a cambio de su fidelidad, mi chica me ha pedido algo.

-Quiero contarte las rayas del ano.

-…

-Se llama anomancia.

Selva me explica que su nuevo gurú y guía espiritual es el psicomago de apellido ucraniano, alias, el director de cine de películas bizarras.

-En Twitter dijo que una persona sana debe tener 33 rayas en el ano.

-…

-Yo tengo trece –dice Selva con el rostro consternado, abriéndose las nalgas.

Dos horas más tarde, humillado, entro a Twitter y no se me ocurre nada más que lanzar una andanada de insultos, insidias y vituperios en contra el viejo horrible amante de los anos.

“Métete 20 monedas de oro en el ano, escúpele en la cara a tu papá y mira bañarse desnuda a tu mamá en una tina”, me responde el psicomago a manera de terapia para menguar mi amargura y fortalecer mi virilidad.


7


Lunes. Debo iniciar la semana de manera productiva. Ahora sí que estoy convencido de comenzar a escribir mi novela. Abro mi laptop. En pantalla descubro la desagradable sorpresa de ver la fotografía de mi rostro hinchado, abotargado, mofletudo, de hámster recién parido.

“Mi novio dormido”, escribe Selva.

“Vaya gustitos”, es el comentario general de más de una centena de personas que por arte de magia empiezan a seguirme en el Twitter.

martes, 5 de octubre de 2010

Uno menos


“No le temo a la muerte, sólo que no me gustaría estar allí cuando suceda.”
- Woody Allen


En el mundo existen personas con el don de la elocuencia en mitad de la tragedia. Estas personas por lo general van engominadas, perfumadas, tienen voz cristalina. Jamás titubean. Son el positivismo ambulante. Oráculos humanos. Te aprietan la mano, te abrazan y se avientan discursos asegurando con vehemencia que todo estará bien (aunque bien sepamos que no será así). Envidio a estas personas.

En la vida, no hay nada más terrorífico que dar el pésame. Tarde o temprano hay que darlo. Es algo inevitable. Ineludible, a menos que seas Wil Smith en la pésima adaptación de la película Omega Man. Y es que dar el pésame es algo que no se puede ensayar. Practicar. Por eso, en la cola del funeral, flanqueado de gente dubitativa, nerviosa, sollozante, uno visualiza la escena a ocurrir: el apretón y el abrazo que se le debe dar a la viuda, a los huérfanos y demás familiares sumergidos en el dolor. Pero esto no es tan sencillo como parece, de inmediato nos asaltan las dudas: ¿Qué tan fuerte debe ser el apretón de manos? ¿Qué tan prolongado y caluroso el abrazo? ¿Debe uno mirar a los ojos y sostener la mirada? ¿Sería apropiado decir unas palabras de aliento? ¿Deberíamos picarnos los ojos y parpados para que estén bien hinchados y enrojecidos como los de las señoras muy sufridas de adelante? Lo siento mucho, mascullamos una y mil veces mientras la fila avanza, y cuando llega nuestro turno, quedamos mudos, pasmados, estatuas de cartón, pero en el fondo, agradecidos de no haber sido nosotros el pobre diablo que presa de los nervios se aventó la puntada de felicitar a la viuda.


* * *

 
En teoría, la muerte es lo que menos debería impactarnos, pues es lo único seguro que ocurrirá en la vida; sin embargo, siempre nos sorprende, llena de dudas, anega, empaña los ojos de lágrimas. No puedo creer que se haya muerto, decimos, como si nuestros conocidos fueran inmortales, personajes indispensables, insustituibles en nuestra vida, aunque de ellos no sepamos nada durante años hasta el día que nos informan de su deceso.

Mamá es especialista en hacerme creer que alguno de mis hermanos o seres más queridos ha muerto. Con voz entrecortada, sorbiéndose los mocos, tartamudea por el celular:

-¡Se-se-se se murioooooó!

Quedo helado. Pálido. De una pieza. Entro al cuarto blanco de Matrix.

-Se murió Juan Camilo Mouriño –dice sollozante.

O también aplica estas otras, en medio de un batidero de mocos:

-Se murió el príncipe Guillermo de Luxemburgo.

Juro que me dan ganas de matarla. Ahorcarla. Pero en vez de eso, respiro aliviado. Por ahora. Sé que un día la bolita de la Ruleta caerá en la casilla con el nombre de alguien de la familia.


* * *


A nadie en su sano juicio le gusta asistir a los funerales (salvo a las señoras amantes de la barra nocturna de telenovelas), pues además de ser el recordatorio de que pronto seremos quienes estén en una urna o una caja, es la confirmación de que hemos envejecido.

-¿Te acuerdas de Susanita, la hermanita de Mariana? Es esa, la ballena de allá, y esos cuatro demonios son sus hijos.

Los funerales también son la oportunidad para quedar como un perfecto antisocial.

-¿Qué pasó, ya no saludas?

Incrédulo, en un seboso abrazo te fundes en las carnes del ídolo de tu juventud, el galán de las vacaciones de verano, al tiempo que te prometes que al llegar a casa comenzarás la dieta de la sopa milagrosa y que bajo ningún concepto te mirarás al espejo, nunca más.


* * *


No nos engañemos, si uno tiene la desgracia de estar del otro lado de la cancha, por más pésames que reciba, por más palabras de aliento que escuche de gente engominada, perfumada, de voz cristalina, jamás se recuperará de la muerte de un ser querido. Su voz, su aliento, su olor, las cosas insignificantes a las que nos acostumbró día a día, van desapareciendo. Esfumándose. Y he ahí la verdadera tragedia. Es imposible instalarse en el dolor perpetuo a lo perro Hachi. La vida sigue. Y con el paso del tiempo descubriremos que apenas y tendremos un minuto para recordar al ser querido ausente. Fantasear qué haría en estos momentos si estuviera con nosotros.

La muerte es una horrenda cicatriz a la que más vale acostumbrarse pronto.

-¿A qué se dedica tu papá?

-Está muerto –respondes a manera de disculpa, pues sabes, tendrás que soportar la incomodidad del otro. Su sonrojo. Su titubeo. Su no saber qué decir. Su lo siento, aunque no sienta nada. E irremediablemente caerás en la fantasía y exageración de las virtudes del difunto. En su glorificación. Al dedo en la llaga cuando tus hijos pregunten: “¿Y cómo era abuelito?” Entonces, con horror descubrirás que lo has olvidado. O mejor dicho, que no existen calificativos para humanizarlo. Traerlo de vuelta.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Finalmente una novela



1


Tengo la sospecha de que en las editoriales, el departamento de lectura de manuscritos inéditos, no es un departamento, mucho menos una oficina donde haya escritorios con empleados con aspecto de ratones de biblioteca dedicados a la engorrosa labor de leer 8 horas al día las cursilerías, dislates, puñetas mentales y/o delirios de grandeza de gente con demasiado tiempo libre que se sienten el ombligo del mundo, o si acaso, la reencarnación mejorada de Miguel de Cervantes.

More...Este departamento, creo, es un bodegón inmenso, lúgubre, al que solo tienen acceso los hombres de la basura y/o las ratas peludas y rabiosas que se deslizan bajo las puertas para roer, mear y defecar sobres cientos de miles de hojas enmohecidas y putrefactas o para recoger toneladas de mamotretos engargolados jamás leídos. O quizás (es mi mayor corazonada), este departamento solo existe en las páginas web de las editoriales para hacer soñar a pobres diablos que anhelan algún día aparecer retratados en la solapa de un libro con suéter oscuro de cuello de tortuga, la pierna cruzada y un montón de libros a sus espaldas, y si hay suerte, un perro labrador a sus pies.

Todo esto lo sé de muy buena fuente, o sea, por mi sentido común. Nadie en su sano juicio, es decir, los dueños y accionistas de las editoriales, pagarían de sus propios bolsillos cuantiosas fortunas para que un puñado de personas se dediquen el santo día a quemarse las retinas buscando a la reencarnación de John Kennedy Toole, y así evitar que se repita otra injusticia literaria. No nos engañemos, la literatura es como cualquier otro oficio, si quieres ingresar a su cultísimo mundo, tienes que llegar de la mano de un Virgilio.


2


El día que salí del anonimato, es decir, fuera de los pasquines y/o revistas de cotilleo de la socialité campechana, no fue por méritos artísticos, sino por obra del azar y de mi entrenado hígado de borracho. Eutimio Estrella, mi talentoso amigo escritor, por causas de fuerza mayor no pudo asistir a un encuentro de escritores (traducción: si faltaba a su trabajo en el periódico lo echaban a patadas), entonces urdimos un plan: suplantaría su identidad.

Todo marchó sobre ruedas hasta que me vi rodeado de intelectuales y políticos de primera línea en mitad de un teatro. Si no fuera porque un terremoto cimbró los cimientos y las sillas del auditorio en mitad de mi lectura, ignoro cómo hubiera salido vivo de aquel enredo literario. Dos horas más tarde, para poner los nervios en su lugar, me emborraché en una cantina con el prestigioso director de una revista de fama nacional y le hice creer que era el intelectual que todo México había esperado. No dudó en publicarme, incluso anunció con bombo y platillo mi escrito en la portada de la revista.


3


El día más temido de un ilustre escritor desconocido, es cuando pone el punto final a su primera novela. ¿Y ahora qué? Los amigos y familiares se emocionan. Le palmotean la espalda. Se regocijan de conocer a un intelectual de primera mano. Prometen cosas imposibles: leer la novela. Y los amigos intelectuales del escritor prometen cosas aún más improbables: recomendarlo a editoriales prestigiosas y transnacionales, pero la cruel realidad, no nos engañemos, los amigos intelectuales darían las dos manos con las que dicen que escriben todos los días, por tener los cacareados contactos literarios para ser ellos mismos los que salgan del oscuro anonimato que los está matando lentamente.


4


Lo que hago a continuación precisa de sangre fría y un buen verbo; no me juzguen, los escritores somos los más grandes mentirosos que existen.

Tengo el mail de un escritor consumado. Con numerosos grupos de seguidores en varios países. Un gordo adorable que ha triunfado del otro lado del charco, lejos de casa. Le envío un mensaje diciéndole cosas puntuales y medias verdades o mentiras a medias como que tengo amigos intelectuales que me han recomendado con editoriales españolas pero que, sin embargo, no tengo un peso encima para mandar el manuscrito de mi novela monumental (no por que sea buena, sino por el tamaño: 422 páginas). Le pido de favor si puede darme el e-mail de algún editor que acepte documentos de Word en vez de hojas impresas. Eso sí, jamás le pido que lea él mi novela, porque lo que diré a continuación es la más pura y dura verdad: me daría una vergüenza enorme que uno de mis héroes literarios se duerma leyéndome.

Mi plan resulta mejor de lo previsto, aunque con un severo problema. Mi héroe literario tiene un corazón de oro. Dice desconocer si existe algún editor que acepte documentos de Word, pero que no hay problema, que le pase los contactos que dicen tener mis amigos intelectuales con las editoriales transnacionales y que él personalmente estará encantado de imprimir mi novela de 422 páginas (y cuantas copias sean necesarias), encuadernarlas bonitas, meterlas en un sobre y entregarlas a todas las casas editoriales afincadas en la ciudad cosmopolita donde vive.

Quedo pasmado frente al monitor de la computadora. Más que por la muestra de amistad y compasión de un escritor encumbrado hacia un perfecto desconocido que busca salir del anonimato, me pregunto cómo demonios le haré para conseguir los nombres de editorialistas importantes que digan haber escuchado de mí.


5


Siempre es bueno tener un as bajo la manga. Jamás aceptar que uno es un pobre diablo que pide favores inventándose que se codea con la crema y nata de la literatura internacional.

De rodillas le pido a mi hermanita, la reina de belleza, que me haga un favor. Bicho escucha atenta mi petición y me dice que con mucho gusto me ayuda. Todo sea para que no la deje huérfana también de madre, ya que mamá todas las noches llora en silencio preguntándose qué hizo mal para que su hijo varón sea un hombrecillo que se dedica a las letras y que la avergüenza con sus amigas cacatúas en sus mutualistas y desayunos de la Cruz Roja, mofándose a sus espaldas diciendo que lo peor que te puede pasar, incluso más terrible que tener un hijo maricón, es tener un hijo mantenido y bueno para nada.


6


Un actor famoso, el más famoso de México, estrella de uno de los programas más geniales de la televisión norteamericana, en un video le manda saludos a mi amigo escritor consumado y recomienda leer su aclamado blog de crítica televisiva.

La mujer más hermosa del Universo, recién coronada, junto a mi hermanita, en otro video mandan besos y saludos a mi amigo escritor consumado y a todos sus lectores del blog.

Pienso: si el actor famoso no logra conmover las fibras más sensibles del escritor consumado amante de las series de televisión, las dos mujeres más hermosas del Universo sí que lo harán, por más intelectual que quiera aparentar ser uno y pretenda estar en contra de los concursos de belleza.

-Si quieres, yo le enseño las tetas –dice Selva, mi chica-. Mis papás están desesperados por conocerte, tuve que inventarles que eres un escritor publicado en España.

martes, 21 de septiembre de 2010

El aniversario



1


Me resisto a creer en supercherías, pero desde que la bruja Betty me dijo en el año 2002 que me convertiría en un escritor best-seller cuando apareciera en mi vida una chica de nombre imposible y más loca que una cabra, no he dejado de involucrarme en relaciones peligrosas con mujeres de tornillos sueltos. No es de extrañar entonces que desde el 2002 decidiera de golpe y porrazo abandonar mi meteórica carrera como vendedor en un corporativo transnacional para dedicarme al poco glamoroso oficio de las letras y convertir en mi musa a cada mujer con la que me involucraba sentimentalmente, primero escribiéndoles los poemas más cursis y patéticos jamás creados, y después, convirtiéndolas en protagonistas de cada uno de mis fallidos intentos de novelas.

More...No hubo chica que no se emocionara al conocer la historia de la bruja Betty. El mejor afrodisíaco no son los mariscos, el alcohol o la yumbina, sino la inmortalidad que brinda un best-seller.

-¿Verdad que seré yo la mujer que te haga famoso? –preguntaban todas mis chicas con ojos soñadores, pero lo que en realidad querían decir era: más te vale que sea yo la protagonistas de todas tus novelas, ya me estoy hartando de que me vean mis amigas de la mano de un muerto de hambre.

Paulina, Martina, Valentina y otros nombres propios de mujer fueron los títulos de mis proyectos de novelas, todos ellos rechazados por el FONCA, Fundación para las Letras Mexicanas y otros organismos tanto privados como gubernamentales que dicen apoyar a los artistas torturados y desesperados por salir del anonimato y la hambruna.


2


Selva Rodríguez es una superestrella de las redes sociales del ciberespacio. Sus casi cinco mil amigos en el Facebook y el más de un millón de visitantes en Myspace lo avalan. Mujer camaleónica en su aspecto, modo de hablar y comportarse. Artista, diva, estrella porno, groupie, casta, pura e hija de papá. Obsesiva compulsiva. Meta en la vida (por ahora): poseer el culo monumental de Ninel Conde.

En un día como hoy pero hace exactamente doce meses, sentada a horcajadas sobre mí, sus rodillas aplastándome las manos, me miró a los ojos y me dijo que fuera su novio. Dudé. Mi instinto de supervivencia me advirtió que era peligroso involucrarse con una perfecta desconocida, o mejor dicho, con una chica que había visto solo un par de veces en carne y hueso fuera del monitor de mi computadora.

-¿No quieres ser mi novio?

-Sí.

-¿Sí qué?

-Sí quiero ser tu novio.

Selva me liberó apartando sus rodillas de mis brazos. Me dio un beso y encendió un cigarro.


3


Me prometí a mi mismo jamás volver a contar la historia de mi visita a la casa de la bruja Betty en el lejano 2002. No resistí, mi secreto permaneció oculto solo dos meses.

-Perfecto –dijo Selva colocando el enésimo cigarro de la noche en sus labios-, vas a escribir sobre mí, si te rechazan el proyecto, te dejo.

Todos los días Selva me platicaba una historia nueva sobre su vida, por ejemplo, que descubrió la fascinación de ser una exhibicionista desde el kinder, donde acorralaba al final de los recreos a su amiguito José y le decía “mira”, bajándose el calzón. O el día que su nana le descubrió tres remolinos en la cabeza y le advirtió a su mamá que ella sería una niña mala, que daría muchos problemas. O el día que asesinó y resucitó a 26 pollitos. O la vez que en clase de gimnasia se agarró a trompadas en los baños con una niña con síndrome de Down que le robó su mochila de Hello Kitty. O lo traumático que fue regresar a la secundaria luego de las vacaciones de verano en donde le brotaran de la noche a la mañana unas tetas supersónicas que solo pudieron ser contenidas por un brassiere talla 28 i. O cuando fue expulsada de todas las escuelas de monjas de la ciudad y en castigo sus papás la inscribieron en una escuela de poca monta donde sus compañeras le pedían autógrafos porque se pintó el pelo rubio platinado y se parecía a Cristina Aguilera y a Paris Hilton. O el día que su mejor amigo le dijo que se iba a matar si no le daba un beso y se convertía en su novia. O cuando las rezadoras amigas de su mamá expulsaron a 33 demonios que vivían en su cuarto. O la primera y única vez en su vida que se subió a un camión para salir de extra en la película Antes que anochezca y terminó enseñándole a jugar lotería a Javier Bardem en su camerino. O la primera vez que fue a la disco y un famoso cantante de canciones cursis le susurró al oído que quería darle un cojín marca diablo. O cuando su mamá la inscribió a la fuerza a un curso de etiqueta social llamado “Dale color a tu vida” impartido por una ex Señorita México donde todo el alumnado eran señoras desesperadas y golpeadas por sus maridos. O los celos incontrolables de su ex novio ex integrante de una banda de rock ex famosa. O sus peripecias para mantener oculto su pequeño secreto: ser la cantante travesti de rimas inflamadas de una banda de reggaetón. O ser la groupie favorita de cocainómanos consumados que aparecen en MTV. O la musa inspiradora (vía Skype) de las puñetas rabiosas y explosivas del máximo exponente musical chileno. O la amante del cosmopolita diseñador de productos afincado en la Gran Manzana. Y 349 etcéteras.


4


Estamos en un restaurante italiano. Selva y yo cumplimos un año de estar juntos. Apenas hace unas horas logré escapar del infierno que es el DF. Selva levanta su coca-cola y brinda por nosotros. Me confiesa que tuvo terror que los jueces del FONCA rechazaran mi proyecto.

-Lo único realmente imperdonable en esta vida es tener una biografía aburrida –dice.

La miro y me pregunto qué habré hecho para merecer este regalo que apareció de la nada, o mejor dicho, de Internet. Una mezcla de Peggy Bundy y Penélope Cruz. Selva enciende su cigarro 23 de la noche.

-Mis tíos nos invitaron a almorzar mañana –dice.

-No, gracias.

-Tranquilo –Selva desliza unos billetes sobre la mesa.

Quedo pasmado. Nunca imaginé que llegaría el día en que mi chica tuviera que sobornarme para asistir a los almuerzos con su familia.

-Vamos a comer en un restaurante de la playa.

-…

-Quiero que vean que tú pagas la cuenta –Selva le da una calada al cigarro.

Vuelvo a quedar pasmado.

-Lo sé, es humillante –Selva succiona el cigarro.

La siguiente media hora Selva se dedica a explicarme que sus tíos, los únicos familiares que quiere de su familia, han empezado a cuestionarla, en especial su tío, General del heroico ejercito militar, quien aseguró que eso de escribir lo hace cualquiera, de hecho él podría escribir un libro si no estuviera tan ocupado confiscando cargamentos de cocaína.

-La cuenta, señorita –dice el mesero, entregándole a mi chica una pequeña carpeta de cuero; al parecer la vio deslizar unos billetes sobre la mesa, llevándolo a la conclusión de que soy un prostituto, un vividor o un mantenido.

Indignado, tomo la carpeta de cuero y pago la cuenta. El mesero se retira.

-Toma –dice Selva deslizando otros billetes sobre la mesa.

-No pienso aceptar tu dinero –digo enfadado.

-No estoy jugando –Selva se pone otro cigarro en la boca-. Mis tíos creen que ganas dinero escribiendo.


lunes, 13 de septiembre de 2010

Nadie escapa del destino


“A menudo encontramos nuestro destino por los caminos que tomamos para evitarlo.”
- Jean de la Fontaine



1


Durante 6 larguísimo años, siempre lejos de casa, esperé ser despertado con la buena nueva de que la critica literaria nacional me acogía entre su selecto club de intelectuales. Traducción: recibir la noticia de ser un becario FONCA. Sin embargo, más que el dinero, lo que en verdad anhelaba yo era ver mi nombre impreso en los principales periódicos del país, o sea, darle una cachetada con guante blanco a todos mis enemigos, entiéndase por ellos, el licenciado Cara de Sapo, el círculo de cacatúas literarias de la Universidad Autónoma de Campeche y, en especial, al rey de los puteros.

More...La segunda quincena del mes de agosto es marcado en el calendario con rojo azabache o con un color fosforescente por todo escritor serie B, o de segunda o tercera división. El escritor serie B, mejor conocido por publicar en periódicos, pasquines y revistas de cotilleo (todos de provincia), es un sujeto soñador, amante de las proezas deportivas y/o gestas bélicas hollywoodenses. No es de extrañar que antes de irse a dormir, en especial la segunda quincena del mes de agosto, sus fantasías giren en torno a él, la nariz rozando el periódico y/o la pantalla de la computadora, las lágrimas desbordadas de los lagrimales, los puños al aire, al encontrar su nombre finalmente publicado después de tantos años de rechazo.

En mis afiebrados sueños de verano, lo mío era correr cuan largo es el malecón hasta el bar La Tasca, a lo Marco Tardelli en la final de España ´82, meneando la cabeza enloquecida de lado a lado, los puños apretados, y Pedro, Eutimio Estrella, Juanito, William, Hortensia y toda la movida campechana, tirándome de la camiseta a mis espaldas para derribarme y hacerme bolita en una celebración multitudinaria.


2


Todo comenzó una inusual, fría y nublada mañana de diciembre del año 2002. Juan Camilo, Brito y yo estábamos decididos a conocer nuestro destino.

-Los estaba esperando –dice doña Betty con aire misterioso al abrir la puerta de latón de su casa.

-Asu, esta bruja sí que ha de ser buena –dice Juan Camilo en un susurro.

-Sí, buenísima –dice Brito-, justo ayer hice la cita para hoy.

La casa de doña Betty, alias, la bruja Betty, está en las afueras de la ciudad, zona mejor conocida por el INEGI como los cinturones de pobreza del Estado. No en balde Juan Camilo, hijo del secretario de gobierno, le dijo a Lucas, su chofer, que llevara el cuerno de chivo por si las flies.

-Gracias, Juanito, pero a mí esas cosas de brujería me dan cosa –dijo Lucas quedándose dentro de la camioneta cuando el hijo del patrón lo invitó a entrar a casa de doña Betty para que le leyeran su futuro.

-Ándale Lucas, no seas culero –insistió Juan Camilo-, yo te disparo la sesión.

-Gracias, Juanito –se resistió Lucas a salir de la camioneta-. Yo sí sé bien clarito cuál es mi futuro en la vida.

En el patio, infestado de bichos y yerbajos, un pato persigue a una gallina.

-Mira, sexo interracial –dice Brito.

-Asu –exclama Juan Camilo-, qué miedo da este lugar.

Seguimos a doña Betty hasta un cobertizo al fondo del patio. Ella se voltea y nos dice:

-Solo puede entrar uno a la vez.

-¿Y cuánto cobra? –pregunta Juan Camilo.

-Cincuenta pesos –responde doña Betty.

-¿Segura que sí es buena, señora? –dice Juan Camilo.

Los pelos se me ponen de punta. Una cosa es que sea ateo y no crea en dioses, brujas, supercherías y otros tipos de timos, pero una muy distinta es encontrarme en los requintos infiernos en la casa de una señora con el físico de Martha Villalobos donde se pone en entredicho la credibilidad del oficio que le da de comer.

Doña Betty se nos queda mirando. Pone cara sombría, peligrosa. Rompe el silencio (para sorpresa de todos) soltando la barbaridad de que ha nacido con ropa.

-¿Cómo qué con ropa? –dice Juan Camilo, los ojos redondos como ciruelas-. O sea, ¿nació usted vestida?

La bruja asiente satisfecha.

Reprimo una carcajada, más me vale, a un costado mío un pato copula con una gallina.

-¿Con calzón y toda la cosa? –prosigue Juan Camilo con su interrogatorio.

-No –dice la bruja visiblemente indignada-. Solo con un ropón.

-¿Y dónde está el ropón? –dice Juan Camilo.

-Se lo comió la serpiente.

-¿Una serpiente?

-Sí –dice la bruja señalando nuestros pies-. La que apareció justo ahí.

Con la coordinación de una barrera de fútbol, Juan Camilo, Brito y yo pegamos un brinco.

La bruja se ríe de nuestro patetismo. Luego agrega:

-Era una serpiente con cuernos de chivo.

Pienso: el único cuerno de chivo que quiero ver a estas alturas es el que Lucas esconde debajo del siento de la camioneta para matar zetas y/o indios revoltosos. Imagino a Lucas, mi héroe, abriendo fuego y rescatándonos del surrealista patio trasero de la bruja.

Entonces, antes de que Juan Camilo pudiera preguntar dónde está la serpiente de los cuernos de chivo, doña Betty explica que la serpiente después de comerse su ropa de nacimiento, se le cayeron los cuernos de chivo y también se los comió, y luego se comió su cola hasta devorarse a si misma y despareció en la espesura de la noche.

-La típica señal de que yo había nacido con el don –dice la bruja.

-Asu –dice Juan Camilo, la boca abierta.


3


-Y qué, ¿cómo les fue, Juanito? –dice Lucas al vernos subir a la camioneta.

-Puras mamadas –dice Juan Camilo.

-Sí, puras mamadas –secunda Brito a Juan Camilo.

Lo que ocurrió fue lo siguiente. Juan Camilo fue el primero en entrar al cobertizo, pues Juan Camilo siempre tiene que ser el primero en todo, el número uno, no por nada su papá fue el único secretario de gobierno en toda la historia del Estado en aventarse tres sexenios.

-Pinche bruja se me queda viendo con unos ojos de loca… –dice Juan Camilo desde el asiento del copiloto girando la cuello 180 grados como Linda Blair en El Exorcista- y que me dice: “a ti ni como ayudarte, vas a fracasar en todo lo que hagas en la vida”. –Juan Camilo finge una carcajada-. Y como soy reputo le dije que no mame, que tire las cartas otra vez y que me diga cosas buenas como todas las brujas buenas que te dicen que vas a ser rico y famoso.

-¿Y qué pasó, Juanito? –pregunta Lucas intrigado-. ¿Volvió a tirar las cartas?

-Sí, me dijo que estoy peleado con el Universo –dice Juan Camilo-. Tuve que pagarle el doble para que me dijera que voy a ser un chingón.


4


Nota informativa: en el año 2010, año del bicentenario, en 80 años de historia que tiene el Partido Oficial gobernando el Estado, nunca jamás había perdido unas elecciones municipales, hasta que Juan Camilo coordinó la campaña de su papá, el ex secretario de gobierno, recibiendo una paliza nunca antes vista en las elecciones que ni siquiera pudieron paliar los mapaches que robaron las urnas llenas de votos en las colonias populares donde se sabía la oposición arrasaría.


5


-¿Y a ti cómo te fue, güero? –pregunta Lucas, chofer curioso, el cuello torcido desde el asiento del piloto.

Brito y Juan Camilo me miran expectantes.

-Igual, puras mamadas –digo nervioso, mirando los agujeros de mi camiseta deshilachada.

-Pero qué te dijo la bruja –insiste Lucas.

-Lo que a todos, que voy a tener fama y fortuna –digo.

-¿Nada más eso? –dice Juan Camilo mirándome inquisitoriamente.

Ni loco pienso confesar la barbaridad que me dijo la bruja Betty, o sea, que soy un ser iluminado que conseguirá todo cuanto desea, pero eso sí, esto será hasta que aparezca en mi vida una mujer con un nombre insospechado, más loca que una cabra y de la cual me enamoraré como solo se enamoran los dementes.

-Sí, solo eso dijo –miento.

-Ay, no mames –dice Juan Camilo.


6


Estoy más lejos que nunca de casa. En el DF, ciudad inmensa, monstruosa, que tanto me aterra y saca mi peor versión de provinciano asustadizo. Capital a la que me recomiendan emigrar mis amigos literatos si es que deseo ser algún día un escritor de primera línea, ascender a la primera división o premier league.

Pese a lo que puedan pensar y creer mis enemigos, no estoy buscando fortuna o salir de mi provincianismo o convertirme en un hombre cosmopolita que se pasea enfundado con sacos de parches en los codos por las colonias Condesa y Polanco. No. Muy a mi pesar, estoy por asuntos familiares. Apagando fuegos. Documentándome, o sea, leyendo revistuchas y horrorosos libros autobiográficos escritos por una Miss Universo y viendo programas de cotilleo donde insectos rastreros difaman a mi pequeña hermana Bicho, la reina de belleza. Así que todos los días, sin excepción, lleno mi cabeza con más basura de lo que acostumbro. Tomo nota. Palabra por palabra. O sea, todas las palabras dichas o escritas por sabandijas. Animalejos sin escrúpulo alguno.

Al llegar la noche caigo rendido. Con los ojos hinchados por el smog y por la radiación excesiva de la televisión. Pensando en cada una de las palabras que le diré a Rosita Stewart, la ex Miss Universo, jefa de Bicho, para que ella, señora magnánima, no le quite la corona a mi hermana basándose en los chismeríos que le cuentan sus amigos y que luego aparecen publicados en revistas de cotilleo, como por ejemplo, que mi hermana padece bulimia, entre otras cosas horribles.

En eso están centradas todas mis fuerzas. Y en nada más. No tengo más cabeza que para pensar en la defensa de Bicho. Paliar su sufrimiento y angustia. Demostrar su inocencia, clamar justicia y hacer que se traguen todo su veneno las alimañas ponzoñosas. Dejar en claro que un escritor mediocre y muerto de hambre también sabe defender con uñas y dientes a sus seres queridos. Ese es ahora mi mundo. Mi único panorama. No es de extrañar que haya olvidado en la calurosa provincia, a cientos de kilómetros, mi enorme calendario, es decir, la hoja de la segunda quincena del mes de agosto marcada con color rojo.


7


Son las cuatro y media de la madrugada. Suena mi celular. Me pregunto quién podrá ser el subnormal que llama a estas horas.

-¿Bueno? –digo, aún dormido.

Del otro lado de la línea escucho gritos, música. Belinda o tal vez Miley Cyrus.

-Papi, estoy bailando de felicidad, como loca. Te dije que te cambiaría la vida.

Aún dormido, le digo a Selva, mi chica, que no sé de qué diablos me está hablando, que es una inconciente, una borracha desconsiderada por despertarme a tan imprudentes horas.

-Chinga tu madre –dice Selva-, ganaste el FONCA.

martes, 24 de agosto de 2010

Reinas fuera de este Universo



1


A pocos días de que un país surrealista e imposible como México celebre su tan cacareado bicentenario de Independencia, y su no menos cacareado centenario de la Revolución, los mexicanos, místicos y amantes de la superchería, esperábamos que este 2010 fuera digno de quedar grabado con letras doradas en los anales de nuestra historia, ya fuera por una hazaña épica o por un memorable baño de sangre.

More...La hazaña épica puede esperar otros 100 años, muy a pesar de que Javier Aguirre, cual héroe patrio (elija el de su preferencia), en pleno Paseo de Reforma, el dorado Ángel de la Independencia a sus espaldas, nos arengara a dejar el sarape y el sombrero, o sea, el tercermundismo, y salir a las calles como guerreros emplumados aztecas a bebernos hasta la última gota de cerveza de los bares, pues él, símbolo patrio de carne hueso, escoltado por 22 machos mexicanos, conquistarían la Copa del Mundo.

Dato curioso: si hace 200 años hubiéramos hecho oídos sordos al cura pelón, al hombre de la pañoleta y a otros señores de bigotes y patillas largas, ahora mismo seríamos los borrachos más felices del mundo.

En cuanto al baño de sangre, para tranquilidad de mamá y otras señoras recatadas, sólo ocurre cuando llegan tarde a casa luego de alguna mutualista, y en pantalla en vez de aparecer el cuarentón de Colunga y la cuarentona ardiente de Lucerito, ambos fingiendo ser unos acaramelados adolescentes, Lopéz-Dóriga presenta gente decapitada o destripada en la chulísima guerra que sostienen los carteles de la droga con el ejército.

Dato curioso o dato para tranquilidad de todas las señoras con peinados de periquito australiano: AMLO en vez de comandar una turba iracunda de indiarracos muertos de hambre a tomar las casas residenciales de los barrios bonitos del la ciudad, publicó un libro desenmascarando a los hombres más ricos de México en sus turbios negocios con el gobierno. Libro que como era de esperarse en un país analfabeto, ha pasado sin pena ni gloria.

Conclusión: si no ganamos la Copa del Mundo y no nos descuartizamos los unos a los otros en nombre de la igualdad, ¿qué evento nos queda por recordar y celebrar por los siglos de los siglos, ebrios y gritando “México, México, México” al pie del Ángel de la Independencia en este cabalístico 2010?


2


En cuestión de una semana (¿acaso será el aura cósmica del bicentenario?) ocurrieron dos eventos que parecían imposibles de suceder, al menos en lo que me resta de vida: uno, luego de más de un lustro de intentar sin éxito sangrar al gobierno estatal, federal y/o algún otro incauto, a CONACULTA (benditos sean, de ahora en adelante creeré en las instituciones) le pareció una buena idea subsidiar por un año mi subversivo y haragán estilo de vida, siempre y cuando les entregue una novela de 400 páginas donde descargue mi odio hacia todos mis enemigos; dos, una mujer que quiero mucho, una amiga de verdad, de carne y hueso, fue coronada el día de ayer la mujer más hermosa del Universo, con el perdón de las damas de la Vía Láctea y otras señoritas extraterrestres.


3


Dejando a un lado la tradición muy mexicana de colgarme del éxito ajeno, de subirme al carro de la victoria y/o de salir rodeado de plumíferos blandiendo por los aires pistolas de pelo y banderas de México a gritar al Ángel de la Independencia que somos guapísimos y no uno de los países más peligrosamente gordos del mundo, evitaré de hoy en adelante regodearme y restregarle a los dos o tres que leen esta columna que fui yo quien pronosticó en mi blog rosa que Ximena se levantaría con la corona de Miss Universo luego de hacer el paso del robot como Dios manda.

Tampoco caeré en el patetismo de repetir hasta el hartazgo que una Miss Universo durmió en mi casa. O tal vez sí.


4


Jueves en la noche, terminada la pasarela a beneficio de la Cruz Roja en el hotel Hyatt, y luego de ser rodeados por una cantidad grosera de pajarracos donde Ximena y Bicho complacieron con todo suerte de sonrisas y poses a los seres alados de peinados estrafalarios hasta que las memorias de sus cámaras digitales se rebosaron de fotografías, salimos huyendo del hotel con las tripas chillando hambre.

-¿A dónde quieres ir a cenar, mi vida? –dijo mamá.

-A donde ustedes quieran, tía –dijo Ximena.

Estando yo al volante, en la cartera el sueldo de un escritor desempleado, dirigí el coche de mamá a los tacos de la esquina de la casa.

Sin apartar los tacos al pastor de sus fauces, los pantagruélicos comensales, al ver llegar a dos mujerones enfundadas en trajes de noche, se miraron los unos a los otros.

-¿No es esa Miss México? –le susurró un hipopótamo a un elefante.

-Hasta crees –respondió el elefante poniendo los ojos en blanco; ignoro si por el placer de succionar un taco de costilla entero o como muestra de incredulidad por la estúpida pregunta de su rotundo compañero.


5


Todos creen que una Miss Universo es un ser intergaláctico, habitante de otro sistema solar, un alienígena de curvas cósmicas, siderales. No es así. O al menos, las mexicanas sí que son de carne y hueso. O eso sospecho de una de ellas. La que se coronó hace 19 años tiene una mirada oscura, tan oscura y peligrosa como los agujeros negros que tanto miedo le daban al Capitán Kirk y al vulcano de Spock. Cuando te mira, sientes que quiere tragarte, aplastarte como el insecto insignificante que eres. La otra, es un sol. Inmenso. Lleno de luz. Una mujer real. De la misma cepa que Bicho, mujeres que no presumen su belleza o hacen de ella su único atributo. Chicas con el sentido del humor bien afilado, cual navaja. Capaces de disfrutar de igual forma una velada en compañía de amigos sea en un hotel de cinco estrellas o en una fonda rodeada de perros pulguientos. Sabedoras que detrás de la parafernalia de la belleza existe una vida, una vida cotidiana y monótona.


6


Los ojos no mienten. O al menos, a mí no me engañan. No tengo que ser adivino para saber lo que allí hay dentro. Luego de un año duro de trabajo (por calificarlo de algún modo), lejos de la familia, de ese chico que le brillan los ojos de amor y que amas hasta la médula, lo último que deseas es seguir distante, a años luz, perdida en una nebulosa de luces brillantes, que te pongan otra corona en la cabeza, una más pesada y más reluciente, solo significa alejarte más, como un cometa, ver desaparecer enraizados en Tierra a los seres queridos, lo único que anhelas es escuchar el nombre de esa isla del Caribe, bajar a ras de suelo y fundirte en un abrazo con tu familia y estamparle un beso largo y puro de Reina de Disney al chico de los ojos soñadores que es tu Príncipe Azul y que aparezcan de una maldita vez los juegos pirotécnicos y la palabra FIN o Colorín colorado este cuento se ha acabado; pero entonces escuchas el nombre de tu país, México, todos te abrazan y desapareces escoltada por la guardia real Trump.

Y a mi lado, tu compañera de guerra, la Reina Amazona, la Diosa Griega, abandonada a su suerte, difamada y expuesta en un mugriento espectacular en Viaducto entronque Iztapalapa, olvida por un instante la tragedia en que se ha convertido su vida, y se le llenan los ojos de lágrimas de emoción, de orgullo.

-Lo hiciste, Xime –dice abrazando a mamá-, lo hiciste.

No soy quien para interrumpir la magia de la escena, así que me muerdo la lengua, perdiendo la mirada en la ventana del departamento. Lo hicieron, susurró viendo el corredor oscuro y desierto de la calle Amsterdam.